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La vanidad de Berlín

Una ciudad de historia y marcas de guerra. También nueva y reluciente, esa es Berlín. Seduce y confunde. Tiene un encanto inigualable, el urbano, el underground, ese que se respira en un ambiente bohemio y vanguardista como el de Williamsburg en Brooklyn, Nueva York. Pero algo no encaja en el centro y se adivina la sensación generalizada cuando mencionan la palabra ‘falso’, fake o falsch para acompañar la historia de la ciudad.

La mayoría de la gente parece sacada de una revista de modas vintage, sobresalen los no intencionales y ahora glamourosos neopunks, adolescentes en patinetas ochenteras con una cartera de marca y tenis de colores ácidos y supermodelos en cualquier esquina fumando un cigarrillo casual, pareciendo posar con su actitud descomplicada. Ofrece miles de ciclorutas, comida deliciosa y claro, cerveza y adictivo currywurst. 

Berlín|María Antonieta García R.
Berlín.
Berlín|María Antonieta García R.
Esculturas en Berlín.

En la capital de Alemania respiré libertad, pude tomarme unas cervezas caminando por ahí como en los viejos tiempos, sin miedo a una multa o llamada de atención por no tomar dentro de un bar. Incluso vi que unos chicos pasaron fumando marihuana frente a policías sin que estos se inmutaran. Tal vez por un pasado represor, la ciudad ahora tiende a apoyar la libre expresión, o al menos eso sentí en los escasos cinco días de mi viaje.

Es una ciudad que, sin vergüenza, muestra sus secretos pero deja que uno llegue a ellos por casualidad; entré por error a un pasaje comercial que más tarde asocié a un hecho lamentable. Era un antiguo conjunto cerrado. Algunas fachadas tenían azulejos, jardines, balcones y sótanos con misteriosas ventanas al exterior que me obligaron a husmear. Un viejo barrio judío en donde se localizaron refugios donde retenían gente que llevarían rumbo a los campos de concentración, este lugar ahora es un pasaje comercial de tiendas de moda.

La escuela de restauración de bienes italiana se enfoca en las técnicas y procedimientos para conservar bienes culturales respetando el original y el paso del tiempo, la pátina e incluso intervenciones anteriores que tuvieran especial valor histórico o estético. Se niega la reconstrucción completa alegando que atenta contra el criterio de autenticidad. En Berlín la mayoría de restauradores tienen otros criterios; las edificaciones están reconstruidas hasta un noventa por ciento. Se ven catedrales inmaculadamente blancas con un par de gárgolas negras, seguramente las únicas ‘sobrevivientes’ a alguna bomba o incendio, lozas perfectas y a unos cuatro metros de altura algunas con hoyos dejados por las balas. Esto genera una distorsión en la interpretación, sobre todo para incautos observadores.

Berlín|María Antonieta García R.
De los pocos edificios en donde se ven las marcas de guerra.

Sobresale la energía y tenacidad alemana para reconstruir sus ciudades y recuperarse a la destrucción física y emocional luego de dos guerras mundiales. Después de la guerra, quedaron vivas sobretodo mujeres y gracias a que ellas rescataron piedras y esculturas no se perdieron elementos entre los escombros. Es importante la reconstrucción en la postguerra para ayudar a la recuperación psicológica de la población, pero el peligro está en que lo que pasó podría también llevar al olvido. Se debería valorar la ruina en un proceso en el que debería estar implícita la compresión y la recordación de los hechos, para invitar a la reflexión y evitar la repetición de situaciones similares. Sin embargo, por suerte se ven numerosas manifestaciones artísticas contemporáneas en la ciudad, que cumplen la función de cuestionar y recordar.

Berlín|María Antonieta García R.
Calles de Berlín.
Berlín|María Antonieta García R.
Stolpersteine, piedras con las que te tropiezas.

Berlín parece y no, parada en el tiempo. Tiene la combinación híbrida que esconde un pasado oscuro, se esfuerza por educar a las nuevas generaciones pero sus reconstrucciones no les permiten imaginar qué es la destrucción, lo que visualmente les ayudaría a entender la guerra. Es el caso de uno de los pocos edificios que se dejaron intactos, la Kaiser Wilhem kirche, iglesia curiosamente acompañada de un nueva a su lado. No es de pretender que se deje en ruinas todo, pero reconstruirlo tampoco, ideal un punto de equilibrio.
Un lugar llamó en especial mi atención. El monumento en memoria de las víctimas de la segunda guerra mundial. No sé qué pensarán los judíos del Monumento del holocausto, en alemán Denkmal für die ermordeten Juden Europas, pero parece un parque raro y no un monumento de uno de los episodios más macabros de la humanidad. Es interesante que sus constructores hayan pretendido que el visitante se lleve su propia interpretación a partir de su experiencia, pero por lo general será de esparcimiento. Cosa que no ocurre con las Stolpersteine, piedras con las que te tropiezas. Son obra del artista alemán Gunter Demnig y se encuentran en varios lugares de Europa, pero la mayoría en Alemania. Son pequeñas baldosas incrustadas en la mitad de los andenes con una lámina de metal y realmente se encuentran al tropezar con ellos. Obligan a inclinarse a ver con qué se tropezó uno y simbólicamente nos obliga a hacer una reverencia. Tienen grabados los nombres de las personas que murieron en la guerra. Fecha de nacimiento, de muerte y el campo de concentración. En una caminata por la ciudad se ven tantas lozas como piedras de la calle y nos recuerda que caminamos entre fantasmas.

Berlín|María Antonieta García R.
Monumento en memoria de las víctimas de la segunda guerra mundial.

Quisiera explorarla más y fundirme con la gente en una exhibición o película en antiguo teatro de la parte Este, conocer turcos en el tradicional bar Tristeza en Neukölln, comerme otro delicioso strüdel en un restaurante de barrio -donde no entienda la carta pero cualquier cosa que pida sea carne-. Quiero volver a admirar el alucinante arte urbano de todas las esquinas y los restos del muro de Berlín, quiero volver a esta ciudad llena de enigmas y lugares sugestivos. Se deben exhibir con naturalidad las marcas y rastros de guerra, como las arrugas y las cicatrices de la piel. Berlín es un destino imperdible porque es una ciudad maravillosa pero más que eso, cuna de arte contemporáneo con una verdadera función social, se debe visitar para conocer mejor la naturaleza e historia humana.