América, Literatura de viajes, Mis escritos, Suramérica

Piña colada en Barú, Colombia

“¡La trenza! ¡el masaje! ¡collares de conchitas! ¡cóctel de camarones!” Gritan los vendedores en la playa acompañándolo con “mona, gringa, señorita” o “mami”. El paraíso por el paisaje, el infierno del turismo en Cartagena. Las playas están sucias, es una ciudad para hacer turismo urbano, no para ir al mar. Por eso si uno quiere playa y mar limpio, tiene que irse a la isla de Barú, conectada por un puente con la ciudad a cuarenta y cinco minutos en bus desde el centro. Obviamente en cualquiera de las playas sería recomendable no dejar basura y si se le enreda alguna entre las manos mejor para ayudar a limpiar la playa.

Cartagena, Colombia|María Antonieta García R.
Cartagena desde el Castillo de San Felipe.

     Se dejan atrás hordas de turistas y restos de basura en la playa junto a los comedores de pescado. Con suerte no se pinchan los pies con una espina o una tapa de cerveza. Allá no es como en la Barceloneta de Barcelona que pasan camiones limpiando cada noche, en ambos sitios la gente es inconsciente y deja basura por doquier. Luego de una larga caminata por la playa se llega al paraíso perdido en Barú.

Barú, Colombia|María Antonieta García R.
Playa de Barú.

     Hay dos opciones en Barú: Hostales baratos u hoteles, aunque en ambas opciones la manera de llegar será por tierra o en lancha y posiblemente se quedarán sin luz desde las seis de la tarde a las seis de la mañana. Los hoteles no son de lujo pero la playa sí que lo es. ¿No suena a aventura? Un atardecer de colores, el mar cristalino y tibio, arena blanca, la noche silenciosa, estrellas y mosquitos atrevidos, todo hace a Barú inolvidable. Eso sí, hay que aprender a identificar los vendedores ambulantes desde la lejanía y justo cuando pasen uno se hace el dormido, aunque a veces no funciona.

     No se debe olvidar bajo ninguna circunstancia probar una de las delicias de la costa caribe colombiana, la piña colada. ¡Dos, bien cargaditas de ron!