El sueño de la pluma blanca en la Guajira, Colombia

La Guajira es la punta superior del mapa colombiano, la desértica península junto al mar Caribe. Ahí habitan los Wayuu, la comunidad indígena más numerosa de Colombia, para quienes existen los piaches, en wayuunaiki los brujos. Los encargados de comunicarse a seres sobrenaturales como los Pulowi −el espíritu de la tierra−, los Wanulu −espíritu de la desgracia− o los Yolujaa −espíritu del Wayuu muerto−. El papel más importante que tienen es el de interpretar los sueños, que para ellos son revelaciones y profecías. Yo sabía esto antes de ir a la Guajira así que una noche antes de viajar pedí al universo que me regalara un sueño que interpretaran para mí los brujos de los Wayuu, y lo tuve.

     Santa Marta, el Tayrona, Rioacha, La Guajira. Dos días de viaje para llegar al desierto caribeño. Hay flamencos rosados, salinas, es paradisíaco. Aunque en algún punto me topé con un horrible hoyo que se ve desde el cielo, la mina de carbón del Cerrejón. Nos quedamos a dormir en un chinchorro en la playa, un techo con hamacas colgando. Obviamente con mosquitero, sino no estaría contando la historia. Allí a cada una se le asignó una botella de gaseosa de dos litros y medio con agua potable, nos tenía que durar tres días “ustedes verán si se la toman o se bañan con ella”. Fue la primera vez que sentí lo que es racionar el agua que necesitas para sobrevivir.

     Antes de dormir nos bañamos en el mar que en ese lugar era muy calmado y quieto, y descubrimos que unos pequeños insectos marinos se nos pegaban a la piel. Gritamos un buen rato hasta que descubrimos que no hacían nada y podíamos soportar los bichos. Vi un satélite, no era una estrella fugaz normal, el recorrido que seguía era de bucle. Al menos fue la explicación más lógica que me dieron, pero siempre me quedó la duda de si era real o era un ovni.

       Dormí luego de curarles la fiebre a varias amigas que se insolaron por llevar shorts y camisetas sexys en una caminata de tres horas por el desierto de la Guajira para ir al Cabo de la Vela. Este último, uno de los lugares más hermosos que he visto. Desde ahí aprecié por primera vez que efectivamente habían dibujado bien el mapa, ya que sin razón desconfiaba de los cartógrafos. Sentí la fuerza del viento que venía de fuera del continente, respiré hondo pensando que era aire que podía ser africano, europeo, asiático o de cualquier parte del mundo.

        El chico que hacía de guía, nos invitó al grupo de viajeras a meditar. Era un lugar poderoso, era un momento de nuestras vidas inigualable, nos tomamos de las manos y lloramos varias de felicidad agradeciendo poder estar ahí. Sentía que podía volar.

La playa en la Guajira, Colombia|María Antonieta García R.
La playa.

     Soñé esa noche, luego de contar cuentos de terror en un faro que había cerca, que yo perseguía una pluma blanca en la playa. El viento cambiaba de dirección y la pluma se me soltaba de las manos. Caía al mar y bajaba la marea, me metía al mar y subía la marea. Fue el sueño más angustiante, no conseguí atrapar de nuevo la pluma blanca.

     “Necesito la ayuda del piache”, me llevaron aparte cuando ya estábamos en la ranchería Wayuu. La líder, pues es un matriarcado, me preguntó para qué lo solicitaba, le dije y sonrió. Me llevaron a un cuarto de barro en donde estaba una anciana que no hablaba español, me dio la mano. Le dije mi sueño mientras le traducían y hubo silencio un buen rato. “La pluma significa la felicidad en el amor, no la lograste alcanzar”. Sude frío y pregunté que podía hacer para cambiar eso y me respondió “soñar de nuevo, agarrar la pluma blanca”. La magia terminó con el sonido de una camioneta, con vallenato a todo volumen. Frenó en seco tras un giro cinematográfico y se escuchó “¡Chirrinchi!”. Como llamadas por una fuerza sobrenatural llegamos a comprar botellas de gaseosa de dos litros y medio, esta vez llenas ese venenoso aguardiente guajiro. Lo que casi nos hace desistir de subir a Pueblito en el Tayrona el día siguiente. El espíritu del alcohol, que no sé cómo se dirá en wayuunaiki, nos poseyó y el baile tradicional de cortejo con las mantas guajiras y la música se convirtieron en fiesta.

      La piache tenía razón, el amor me ha hecho feliz por episodios y deseo algo que jamás he tenido con una pareja hasta el momento, posiblemente porque no lo tenía ni conmigo misma. Espero volver a la Guajira a contarle un nuevo sueño a la piache y dormir en una hamaca junto al mar.