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Buena suerte en el desierto de la Tatacoa

3º13′ de Latitud Norte y 75º10′ de Longitud Oeste, cerca del Ecuador terrestre. El mejor lugar para ver estrellas pues no hay contaminación lumínica ni auditiva en una gran extensión. Pocos saben que Colombia tiene todos los climas y escenarios naturales posibles, incluidos los desiertos y cañones.

El desierto de la Tatacoa.

       Entre los destinos áridos del país sobresalen la Guajira y el desierto de la Tatacoa, este último en el Huila, cerca de Neiva. El desierto tiene dos zonas: una gris que llaman Los Hoyos y otra ocre que llaman Cuzco por su parecido con las montañas peruanas. El ‘conquistador’ español que llegó a ver ese valle lo bautizó “El valle de las tristezas” y luego se asoció a las serpientes venenosas que allí abundan, como la Tatacoa y cambio su nombre de nuevo. Las serpientes no se olvidaron ya que un dicho popular dice que cuando alguien esta muy malgeniado está tan bravo como una tatacoa.

Desierto de la Tatacoa | María Antonieta García R.

        Luego de ir a San Agustín llegué al desierto y me quedé en una posada, los campesinos que viven allí alquilan habitaciones o zonas de camping por módicos precios y sencillas condiciones. Además ofrecen comida tengan restaurante o no y en especial el cabrito asado resulta un plato exquisito. Muchos van también a buscar fósiles de dinosaurios. Solo me quedé dos días y una noche pero es un lugar para disfrutar varios días pues es fascinante. El día que llegué, una nube densa cubría el cielo y empecé a temer que no podría ver ninguna estrella. A las siete de la noche fui al observatorio astronómico que hay allá y me lo confirmaron, las condiciones no eran adecuadas y no se vería ni la luna.

        Luego de una charla con un astrónomo en la que nos hizo “imaginar” las constelaciones que habríamos podido ver, volví a la posada resuelta a volver otro día pues valía la pena el viaje y era evidente que las estrellas se debían ver increíbles desde ahí. En medio de camino comenzó a llover. No lo podía creer, la gente corría a esconderse, otra se quedaba bajo la lluvia y se escuchó una especie de algarabía. Los campesinos sacaban tinajas, baldes, cocas, telas, lo que fuera para recoger agua; fue un aguacero rápido y abundante.

Desierto de la Tatacoa|María Antonieta García
Cactus florecido en el desierto de la Tatacoa.

     No se sabe cuándo algo pasa por buena o mala suerte, en este caso estaba un poco confundida. Había viajado de muy lejos para vivir mi experiencia soñada y la había perdido por cuenta de la a veces impredecible naturaleza. Cuando me quejé con el dueño del albergue por mi decepción me contó que hacía seis meses no caía una gota de agua. Me disculpé, como siempre la ignorancia y el egoísmo humano por delante. La lluvia en el desierto es un signo incuestionable de buena suerte. ¡No me había dado cuenta que era lo mejor que les había podido pasar en mucho tiempo! Las plantas al otro día lo confirmaron: olía a arena mojada, el aire estaba limpio y era reconfortante la frescura del ambiente. Además, se alcanzaban a distinguir algunos retoños de flores hermosos entre los fósiles impasibles.