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Trapitos al sol en el Raval

Dedicado a dos buenas amigas que en Barcelona fueron mi apoyo y compañía.

Una tanga sale volando, se soltó del gancho que la sostenía del tendedero de ropa de la terraza. Cae al piso, abandonada y solitaria, como una hoja que nadie recogerá y a nadie le importa. Un vecino la ve y al no identificar de dónde cayó imagina de quién sería, una mujer joven, hermosa seguramente. “¿Será la del tercero que tiene pelo negro?” La descripción concuerda con ambas, pero no era de la de pelo negro, era de su novia. Ellas cuidan de su ropa y tienen secretos, pero a veces una mirada inquieta o una prenda se escapa dejando a la vista una porción de intimidad.

     Un mundo secreto en el tercer piso, segunda puerta, de la Rambla del Raval. Sus fantasmas son testigos de un amor que nació entre redes sociales. Es un barrio en donde se encuentran en una esquina a cinco monjas y en la otra a cinco putas, grupos que se cruzan miradas y envidias. El Raval es árabe, es chino, es latino, dicen que es peligroso.

Edificios del Raval | María Antonieta García R.

      El edificio es una torre de babel, como tantas otras en la ciudad. En la noche oyen hablar en lenguas a los vecinos, su edificio tiene varios continentes. Aunque sólo conocen a una vecina española, una señora que vive sola. Tal vez su alzhéimer le permite ser más cercana que el resto de la comunidad. Una de ellas advierte mientra se ajusta la camisa “quiso regalarnos una cubeta para lavar la ropa que recordó habernos prestado. Le pagamos consiguiendo quien le pusiera un bombillo que llevaba tres meses sin prender.”

     Caminaron por la calle Caputxins hasta La Rambla. A Barcelona llegan los artistas, los museólogos, los periodistas, los modelos, los músicos, los actores, los que hacen de Barcelona una ciudad bohemia. Tal vez por eso es una ciudad libre, abierta y tolerante. Aunque también a Barna llegan los turistas, los rumberos, los zombies, los compradores compulsivos, los que caminan por La Rambla haciendo honor a su nombre; como un río humano fluyen de lado a lado comprando abanicos, helados y cañas.

Ropa extendida en los balcones del Raval | María Antonieta García R.

Ellas caminaron en La Rambla detrás de unos japoneses que tenían selfie sticks, salieron en las fotos y no les molestó verlas tomadas de las manos. “Hacemos parte del paisaje de Barcelona, amor.” Llegaron a la Carrer de Jaume I, pasan mucho por ahí, van a eventos culturales cada semana. Pretextos de las ciudades: a veces se cambia el Museo por un Bar como el Absenta o el Olimpic, por aquello de las tapas. Esa calle les hizo una reverencia. Se encontraron en la Plaza San Jaume la bandera del orgullo gay colgada del Ayuntamiento.

Pasando por el Ayuntamiento | María Antonieta García R.

        −Feliz día, amor−. Pararon en la mitad de plaza y se dieron un beso­.

      −Esto no lo podíamos hacer en nuestra ciudad, de hecho ni dejábamos la ropa colgada secándose a la vista. Nos dirían que no está bien visto.

      Pasaron por Santa María del Mar y llegaron al Passeig del Born. Fumaron un poco, sentadas en una banca junto a un habitante de la calle y descubren al frente una escultura de hierro sin ninguna mención. Les recuerda el baúl lleno de ropa que aún queda por lavar en su apartamento del Raval.

      −En Barcelona no sólo salimos tomadas de las manos, sacamos los trapitos al sol, amor−.

El Borne, Barcelona | María Antonieta García R.