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Una gacela en Nueva York

Algunos depredadores viven en la jungla de asfalto de Nueva York, o tal vez más de los que uno puede imaginar. Están al asecho permanente, el afán traiciona la intuición.

     Estaban acalorados en una estación del metro y no era un buen día, estaban agotados después de haber caminado por horas. Iban de Brooklyn a Manhattan. Llegó el metro y en ese instante ella vio un libro abandonado recostado contra una pared. Lo tomó sin pensar y se subió al vagón. Pasaron dos estaciones y abrió el libro. “Twelve Steps For An Alcoholic. “Una lástima, era de alguien que realmente lo necesitaba” pensó. Pero comenzó a notar que todas las palabras alcohol estaban tachadas en tinta azul y decía encima sex, donde decía alcoholism decía lust, donde decía alchol addict decía sex addict. Recordó cómo había encontrado el libro y la verdad no parecía haber estado olvidado. Parecía como si lo hubieran dejado ahí intencionalmente. Levantó la mirada y todas las personas que iban en el vagón se hicieron sospechosas. Un viejo que tenía sombrero gris y bufanda la miró fijamente. Un señor calvo con gafas y uno más joven que ellos, trigueño y con un saco a rayas. Sabría quién era el agresor porque se bajaría en su estación. El calor del vagón se hacía cada vez más insoportable. Se bajaron todos. Por unos segundos respiró aceleradamente, tenía que reconocerlo para poder defenderse pues la raptaría como a una presa. Caminaba rápido y la respiración la tenía entrecortada. Por un segundo miró atrás esperando ver al captor, pero las gacelas no voltean a mirar al león. No había nadie, ¿Se habría camuflado? Nueva York, como todas las grandes ciudades del mundo es una selva de cemento fascinante, pero está llena de trampas y cazadores.