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París bohemio

Escribí este texto en el 2016 y hoy en medio de la pandemia por el Covid19 lo volví a leer y viajé mentalmente a esa ciudad maravillosa. Es nostálgico y bello leer textos de viajes, por eso recomiendo llevar un diario, incluso en tiempos de cuarentena; posiblemente estamos viajando al interior de nosotros mismos y en algún momento posiblemente queramos recordar. Los invito a dar un paseo por el París más bohemio y recuerden, no estoy promoviendo el turismo, pero sí el viaje a través de las letras. Antes de comenzar a leer abre este link con música de Edith Piaff para que le pongas una banda sonora a tu lectura: https://bit.ly/2WPq6un  Allons-y!

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Ir a París y no visitar Montmartre o “monte de los mártires” debe ser pecado. Y será allí también en donde se gesten varios. Es conocido por ser nido de un fenómeno cultural o subcultural que a todos llama la atención y define en gran parte el imaginario de París: la bohemia.

Henri Murger escribió una novela denominada Escenas de la vida Bohemia en 1849 con la que inspiró a otros autores a mencionar y definir lo que se gestaba en la sociedad del siglo XIX en París. La bohemia define ese fenómeno socio literario o movimiento cultural que se asoció a todas las artes posteriormente. El nombre viene de los gitanos (bohémien) que llegaron para quedarse y tenían un estilo de vida particular; eran libres, hedonistas y muy artísticos, así que varios personajes parisinos adoptaron la etiqueta y costumbres.

La colina de Montmartre se llamaba Colina de Mercurio, luego Monte de Marte. Cuando llegaron los cristianos, en el 272 d.C., se decapitó allí al primer Obispo de París y se bautizó Montmartre, monte de los mártires. En los siglos XVIII abundaban los viñedos, canteras y minas de yeso de las cuales emanaba un polvo blanco que lo cubría todo, por eso la parada del metro es Blanche, que traduce “blanco”. A este suburbio se lo tragó París y en 1860 lo anexó como XVIII Distrito. Tras las Guerras Napoleónicas el barrio no tenía que pagar impuestos por lo que se convirtió en una zona de entretenimiento que promovió la apertura de casinos, tabernas y prostíbulos, de hecho hoy sigue teniendo un toque decadente, especialmente hacia la zona roja de Pigalle.

Empezará el recorrido en la parada del metro Blanche frente al famoso Moulin Rouge, un antiguo molino rural que se convirtió en uno de los cabarets más famosos del mundo. Deténgase a observar el mural de la entrada en donde están plasmados quienes ayudaron a la leyenda: Toulouse Lautrec y La Goulue (la glotona). Cerca encontrará el mítico cabaré Le Chat Noir  para tomar energía y subir la colina ubicada a la derecha del río Sena.

Suba la montaña para encontrarse con el Café Des Deux Moulins que toma su nombre justamente de estar ubicado entre otros dos, pero su fama es por la película Amélie, justo antes pasará por el apartamento en donde vivió una temporada Van Gogh. En algún momento advertirá la inquietante escultura de Marcel Aymé de Jean Marais. En la Plaza Dalida toque los pechos de la escultura de la cantante mientras pide un deseo; notará por las señales de desgaste del metal que es una costumbre popular. A pesar del cansancio seguirá subiendo para ver la Maison Rose, una casa rosada en honor a una pintura de Renoir, luego verá el Au Lapin Agile restaurante donde almorzaba Picasso (a cambio de pinturas) y el elegante molino La Galette.

En la cima admirará la belleza de la Basílica del Sagrado Corazón, Sacré Cœur que resalta por su arquitectura híbrida y su color blanco desgastado. Pasará por la requisa del loquito que hace control revisando falsamente sus pertenencias con la venia de la policía antes de ingresar. Es muy bella, pero lo mejor está afuera: las escaleras que descienden de la colina están llenas de gente de todo tipo conversando, haciendo música y disfrutando de un picnic.

Antes de tomarse algo en alguno de los miles de acogedores cafés, deberá adentrarse en la Place du Tertre, lugar que vio nacer el impresionismo. Hágase una pintura con alguno de los artistas que la habitan mientras disfruta de la música tradicional con organillo de manivela y una créme brûlée. Cerca se encuentra L’Espace Dalí un pequeño museo donde encontrará algunas de sus obras más conocidas.

Podrá asistir a un cabaret o cabaré que era una antigua taberna y actualmente clasifica espectáculos de música, danza o teatro mientras se come y conversa. Si el vino se lo permite, podrá bajar de la colina cómodamente en un teleférico o con mucho cuidado por las escaleras que parecen galerías pues las paredes están llenas de arte urbano.

Montmartre es el alma de París así la Torre Eiffel se lleve el protagonismo. Allí se gestó mucho más que historia, fue cuna de la pintura y del estilo literario que sacó de quicio hasta al más acartonado. Viajar y vivir en París es costoso, sobretodo en este barrio tan apetecido, pero vale conocer la ciudad más romántica del mundo, y no lo digo porque haya viajado en pareja o me haya enamorado de un parisino, sino porque la ciudad misma es un amante impregnado de bohemia para disfrutar.