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Encuentro de jaguares

– Pocas viajeras solas se atreven a aceptarme un trago acá en mi casa, en medio de la selva.

-Yo no te tengo miedo.

-Claro, eso solo lo dice un jaguar.

No sabía a qué se refería, pero sí había notado que nuestra aproximación fue como un baile de dos felinos que se enfrentan. Desconfiados nos rodeamos despacio observando cada detalle, yo en el lugar y él en mi atuendo y equipaje. Notó mi cadena con mi nombre, las pulseras de jade y mi incomodidad. Yo noté la suciedad, que estaba semidesnudo, su collar de calaveras, los gatos pulgosos sobre las colchonetas, la ausencia de paredes y de un toldillo para los millones de insectos que ya me estaban atacando. Me señaló y me acusó de ser una chica fresa y me molestó que una persona que apenas conocía se atreviera a acusarme de algo que seguramente odia solo por un par de miradas. Siempre escondo el miedo con la ira. Yo lo juzgué de vuelta además, pero no le dije mi desacertado dictamen: acosador, mero macho inseguro. El ganó la batalla, estábamos en su territorio y como inteligentemente haría un jaguar que pierde una contienda me retiré sin bajar la cabeza ni darle la espalda.

El día siguiente entré al parque arqueológico de Palenque y pregunté por un guía, “solo queda él” me dijeron señalando un personaje redondo, gracioso y bizco. Ya le iba a decir que no estaba interesada (no podía imaginar como un bizco podría guiarme y no caer), cuando me dijo que para los mayas ser bizco era muy atractivo. Me saco una sonrisa y lo contraté inmediatamente. Al terminar el recorrido me dijo que si me interesaba saber cuánto estaba por descubrir, por supuesto me imaginé que tendría la suerte de encontrar el botón secreto que abriría las compuertas de una pirámide y lo seguí. Después de un largo camino comencé a ver raíces de árboles muy enredadas y que sobresalían, me enseño lo que escondían: miles y miles de piedras verdes, toda la ciudad de Palenque está bajo tierra y árboles. Lo que se observa es un uno por ciento, fue una ciudad inmensa. A pesar de la belleza, la sensación que uno siente en ese lugar es un poco atemorizante. Cuando vi los pedazos de ruinas de lo que no está destapado sude frío, sentí que estaba entrando en un territorio prohibido (y el sonido de los monos aulladores no ayudaba). Sentí lo mismo en el Amazonas, el instinto de supervivencia me hizo rogarle al guía que regresáramos inmediatamente. Muy seguramente nuestros antepasados simios evitaban caminar entre la selva y preferían balancearse sobre las ramas para protegerse de los animales feroces y quiero pensar que fue eso lo que me hizo salir corriendo del parque arqueológico de Palenque y no me supersticiosa cobardía, que no tiene nada de jaguar y sí mucho de liebre.

El guía no se equivocó en un solo paso y me hizo reír tanto que me ablandé con la rabia que tenía de encuentro el día anterior con el hombre de Coachsurfing al que le parecí muy fresa. Tome unos bocadillos colombianos y me dirigí a su plataforma entre los árboles a pedirle disculpas, sentí que mi propio miedo y desconfianza me habían cegado y había sido grosera con una persona que amablemente me había ofrecido su casa solo por sentirme ofendida por algo que hasta era cierto. Me di cuenta de lo fresa que era al alquilar una cabaña para mi sola y organizar mi ropa y productos de belleza femeninos en un tocador como si estuviera en un hotel de cinco estrellas y no en la mitad de la selva. Aquel mexicano con collar de calaveras se disculpó de vuelta, aceptó feliz mis bocadillos y lo vi como un niño de dos metros pero niño, recogimos en su carro destartalado y con un perro gigante a una amiga suya, me ofreció una caguama y hablamos horas. Fue una noche realmente increíble y sus historias como guías de Palenque y Coachsurfers eran tan fascinantes como peligrosas. Recuerdo tener la sensación de estar abierta a la magia y mi miedo a la oscuridad que nos rodeaba porque estaba llena de sonidos raros. Me fui antes que mi espíritu despertara. México, igual que mi anfitrión de la noche, fue como un animal indomable que en cualquier momento podía morder, pero no lo hizo porque le encantó agradar y que el observador admirara su poder. Supongo que puedo decir lo mismo, pues cuando él me comparó con un jaguar solo me llene de orgullo. Gracias a Raúl tuve una noche de contacto con la simple y sabia naturaleza Maya que asegura que todos tenemos un espíritu animal que en ciertas ocasiones se hace visible.

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Otro viaje en Villa de Leyva

El reflejo en el espejo no era suyo sino de su madre, y podía creerlo, se había comido un hongo con leche condensada hacía más de una hora. Todos sus fluidos corrían, las lágrimas, el sudor, los mocos, todo era agua, a pesar de estar sufriendo uno de los efectos de la intoxicación sentía gozo infinito.

Se reincorporó, cada uno en su viaje pero coincidían en las miradas cómplices, en la sonrisa. Uno de ellos dijo “¿sintieron eso?”, ¡y sí! no quería decirlo, esperó a que alguno se atreviera y así pasó, la casa respiraba. La sala naranja era un pulmón inmenso latiendo a un mismo ritmo que se unificó. Fue un momento tan raro como místico, pues sintió que estaban conectadas las mentes, que la realidad estaba siendo una para todos y que así era siempre, pero hasta ahora su estado de consciencia lo hacía evidente. Apenas comenzaba, fue una terapia personal exprés. Cada uno en su silla, viajaba a kilómetros, en el tiempo, en el espacio, como en un sueño piloteado a consciencia. Cerró los ojos y pensó lobos corriendo, hechos de líneas de colores, de esas que quedan en la retina cuando se ve por largo tiempo una luz. Alucinar, ver las ideas manifestadas en imágenes mentales, lobos corriendo de un lado a otro en manada. La idea era como ruido, que se va y viene, de imágenes coloridas.

A pesar de sus diecisiete años pensó en la vejez y se le antojó pacífica, pensó en la aceptación paciente del paso del tiempo, en la naturaleza de las cosas, la inminencia de la muerte y la necesidad del deterioro físico para su acogida final. Tenía puesto un chal y se lo ponía como se lo ponía su madre, su abuela, la madre de su abuela, la abuela de su abuela. Sintió todas las mujeres de su familia, todas las edades y sus experiencias. Se sintió vieja y muy feliz de saber que también todas ellas. Pasado el tiempo pensó que sus amigos eran una distracción pues le hacían abrir los ojos e interrumpir sus “irrazonamientos” para decir frases que en el momento les parecían súper coherentes pero eran absurdas, así que puso un cassette grabado de radio de Luis Alberto Spinnetta; ahora él guiaba el viaje, la poesía no sonaba tonta.

Si el viejo portal del cielo puede enfriar los cuerpos de hoy y ayer, se niega el recuerdo por sano y se quema, en las puertas de una ciudad que aúlla sin ser vista.

Se le ocurrió preparar chocolate y puso a calentar una olla sin agua, la agregó minutos después, por lo que saltaron gotas y alcanzaron a quemarle las manos. Luego recordó que no había puesto chocolate e imaginó que su mano era el ingrediente faltante, ¡que por suerte no agregó! En ese momento notó que alguien salió de la casa y le indicó con un grito militar que inmediatamente regresara. Su latente sobriedad la impulsó a traerlo adentro y cerrar con llave como si fuera su madre. No les contó que al cerrar alcanzó a ver un unicornio blanco alumbrado por la luna, mirándola fijamente.

Las ventiscas en sombras ahuyentan el humo de unos muñecos que se queman, en el alba roja y ardiente de la locura.

Uno de ellos no había comido hongos y se sentó a dibujar, todos los rodearon, seguramente como harían los antepasados al ver que alguno realizaba una tarea que exigía una herramienta de precisión. Retrató a dos personas dándose un beso, o eso creían ver todos, y el sonido de agua de la canción acompañaba perfectamente ese largo, natural, salvaje y húmedo beso. La trampa del dibujante para “envidearlos”, para llevar el viaje a su manera, ser un dios entre un grupo de locos. Seis horas y ¿cómo era que seguía en este estado? Tuvo miedo de quedarse así, la paranoia siempre acompaña las sustancias porque la conciencia no abandona, (a no ser que algo salga mal y siempre existe el riesgo). La palabra “confabular” se presentó y concluía toda la experiencia, la vida se confabulaba para que la realidad que queremos pensar ver y vivir sea esa misma y no otra. Todo sale mal cuando esa realidad ya no concuerda con la de los demás y por eso las plantas sagradas son y deben ser de uso restringido pues oscurecen las salidas del laberinto a quienes las usan sin responsabilidad y sin propósito.

Las caras que asoman la ventana quieren cristalizarse en mi pensamiento en forma alucinatoria, como si los muebles pudieran hablarme de ellas, sin moverse, produciendo ruidos incomprensibles a mi espalda.

La reflexión fue interrumpida por una canción que no había sonado y momento erótico surreal: dos manos hicieron el amor, nada más que manos. Se tocaron horas, se dieron besos largos, aprendieron a sincronizar el ritmo, se erizaron esas manos que apenas despertaban al amor. Hubo risa y vergüenza al parar pero esa noche ritual todo estaba permitido con venía de Cavafis.

Sueña un sueño despacito. Entre mis manos, hasta que por la ventana suba el sol.

Habían pasado ocho horas y se alzaba en la ventana el azul reproche mientras iban cayendo en un sueño profundo. El día siguiente, ya los cinco sobrios, visitaron los pozos azules, que se le antojaron más brillantes que nunca, como su vida. Tres meses después la espantaron duendes en su habitación. No sabía si mágicamente había conectado con seres fantasiosos o la sustancia estaría en su cuerpo algún tiempo mientras era eliminada. Agradeció a la naturaleza por una experiencia única e inolvidable y se despidió de los hongos, sus lobos, manos y duendes.

No es tu cuerpo, al fin tienes un alma, y si tu ser estalla será un corazón el que sangre. Y la canción que escuchas tu mente abrirá con el alba.

 

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San Agustín: Coffee and archaeology

“In the heart of the Andes Cordillera is a town surrounded by incredible and mystical archaeological parks. Declared a UNESCO World Heritage Site in 1995, San Agustin Archaeological Park is the most important and well known of Colombia. The region is particularly beautiful for its green canyons, large hills, and powerful rivers habitats in which animal species, typical from the sub- Andean forest, abund.”…

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El niño artesano y el talismán

Colombia y Marruecos tienen muchas cosas en común, aunque nadie apueste por ello. Aspectos positivos y negativos acercan países hermanos separados por el mar.

Donde abunda el hambre y la pobreza abunda el calor de su gente y la alegría. La hospitalidad, el cariño y el arte llenan medinas marroquíes y calles colombianas. En uno abunda el agua y el verdor, en otro la arena roja y la sequía, pero en ambos se encuentra gente trabajadora en cada esquina haciendo de su arte un modo de vida y una pasión.

Lo que impacta, en ambos países es que los trabajadores y artesanos muchas veces son niños. Lo primero que se piensa es que deberían estar jugando en vez de trabajar, solos o con sus padres, pero se debe reconocer que las labores artesanales son de gran calidad porque son realizadas por personas que llevan años practicándolas, a veces incluso desde su infancia, esto como respuesta a una problemática social que no les ha dejado alternativa. Muchos niños no han tenido la fortuna de poder acceder a la educación permanecen con sus padres en casa o en sus negocios y no les queda más remedio que ocuparse en labores útiles en vez de estar viendo televisión, en esos casos podría ser comprensible que estén trabajando y aprendiendo de la experticia directa de sus padres alguna labor.

Esto pasa en Colombia y Marruecos, aunque sea más común verlo en el segundo, ya que en Colombia los niños que no están estudiando no pueden trabajar y por lo general lo hacen ilegalmente. De hecho los niños que se ven trabajando en Colombia lo hacen sobretodo vendiendo dulces, limpiando ventanas en los semáforos, pidiendo limosna y muchas otras cosas que no les deja ni experiencia laboral, ni están aprendiendo un oficio que más adelante les pueda representar una manera de sustento. No es que esté bien que los niños trabajen, pero es preferible verlos aprendiendo de sus padres a grabar metal que verlos pidiendo limosna en el transporte público.

En Chefchauen, Marruecos, la ciudad conocida como la Perla Azul de Marruecos, por caracterizarse por tener casi todas las construcciones del centro histórico pintadas de azul, se encuentra este niño y su padre en una tienda de artesanías. Mientras venden, siguen trabajando en sus grabados sobre metal. Camellos, platos, manos de Fátima y miles de objetos decorativos de cobre, bronce u otro metal están bellamente decorados por sus diestras manos y sus  exactas herramientas, mientras en el metal graban también sus sonrisas.

Detrás de cada objeto artesanal que puede no ser más que un recuerdo o souvenir se esconde una historia que obligando indirectamente al espectador a hacer una reflexión. Ojalá cada uno de esos objetos, como un talismán, abriera mágicamente la mente del turista y lo empujara a tumbar prejuicios, a considerar otras realidades, a valorarlas y posiblemente verse reflejado en el otro.

Yo me compré un camellito de bronce. Insha´Allah.

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Libro «Almas de Marruecos»

Los invito a adquirir y leer el libro «Almas de Marruecos», en el que participé como autora junto a los demás miembros del equipo de 6 VeletasLo escribimos luego de conocer el país africano, con la esperanza de plasmar en relatos cortos y fotografías un poco de la cultura marroquí. Shukran

Este vídeo es una pequeña muestra del viaje que nos inspiró:

Puedes adquirir el libro en Amazon, en formato digital o impreso, haciendo click aquí.

Libro de Almas de Marruecos

 

«Marruecos está viviendo profundos y rápidos cambios debido a la globalización y al turismo masivo. Sus tradiciones y valores familiares están transformándose. 6 Veletas ha querido abrir su mente e incidir en el imaginario que se tiene sobre los árabes, que actualmente podría estar viéndose malinterpretado por acciones terroristas que no representan la riqueza del país, de su gente o del Islam. Con este libro acercamos su cultura a los lectores, llevándolos a un viaje a través de la literatura de viajes.» 6 Veletas.

 

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Caos y perfección en Roma

Así el turista esté preparado para la comida, las ruinas arqueológicas y la ciudad del Vaticano, Roma supera la imaginación. Una atmósfera teñida con un sol naranja, música callejera, romanticismo, espiritualidad y un público de esculturas -que observan pacientemente cómo pasa el tiempo-, hacen de Roma esa ciudad soñada que no decepciona sino qué como el gelatto, siempre antoja de más.

Roma tiene placas y avisos que anuncian monumentos que se quedan cortos para todo lo que dejaron casi tres mil años de historia. Miles de personas se dan cita en la ciudad madre de las ciudades, de la política, de las instituciones occidentales para darse cuenta cómo nuestro pasado confluye y coincide, cómo se asemeja nuestra modernidad, cómo existe aún desarrollo, conflictos políticos, efervescencia cultural y circo. Todo reunido en edificios, museos, ruinas, monumentos, fuentes y panorámicas, acompañadas de arte, música, olores y sabores que esculpen recuerdos como las piedras que hoy decoran la ciudad pero tienen mucho que contar.

El Foro | María Antonieta García R.

Hordas de turistas llegan a Roma buscando esa magia, por eso es recomendable ir a ciertos lugares turísticos en un tour organizado que garantice las entradas y el acompañamiento del guía, pues ver y no entender lo que se observa sería como perderse de la esencia, las historias de la ciudad. Otros son para ir solo y perderse, como el barrio Trastevere que tiene cuentos de fantasmas, amantes, héroes y asesinos.

La ciudad de las ruinas y de las iglesias -en donde es indispensable entrar cubierto por respeto a las reglas que tienen los edificios propiedad del Vaticano-, de imágenes religiosas, de personas orando e incluso de dichos alusivos a la religión. Como tal, ofrece a creyentes y no creyentes una experiencia única, más aún cuando el turista tiene la suerte de coincidir con la salida del Papa en la plaza de San Pedro o de asistir un jueves o viernes santo. Uno puede sentir cómo casi por el solo hecho de pisar el Vaticano puede quedar libre de pecado.

El Coliseo | María Antonieta García R.

Edificios monumentales, galerías de arte exquisito y espacios en donde la fe está viva, eso es común en Roma y no solo la católica; En la Basílica de San Pedro se puede topar el visitante católico con un rabino, un monje budista, una mujer musulmana y más. Es un lugar de encuentro de culturas, religiones y maneras de pensar ya que sus puertas están abiertas a todos. Nadie, sea de la religión que sea, debe perderse la maravilla arquitectónica de más de dos hectáreas de superficie decorada con las más bellas obras de arte como La Piedad de Miguel Ángel que simplemente da ganas de llorar.

“Dios” no se equivocó en escoger el Vaticano como ciudad para su sede. Incluso en Roma el caos parece funcionar a la perfección, no solo por ser obra divina sino también porque en algún momento se vuelve anécdota, esa que todos los que han ido Roma y se han enamorado de ella, van a comprender.

El Vaticano | María Antonieta García R.
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Gastronomía paisa en Colombia

Medellín es vibrante, violenta, pacífica, agradable, difícil, bipolar. Soy rola pero mi mamá como buena paisa me inculcó y transmitió su cultura, imponiéndola, sobretodo en la mesa. Como en otros países: dónde se vaya en Colombia, se recibirá comida como muestra de hospitalidad. Costumbre afortunada, pero es muy peligroso si uno quiere mantenerse en forma, pues lo que ofrecen en el Departamento colombiano de Antioquia, no es nada light.

Medellín|María Antonieta García R.
Mi abuela mostrándome la foto de mi bisabuela, en Medellín.

    El día comienza con desayuno: fríjoles recalentados, hígado encebollado con arepa o huevo con arepa, quesito campesino y juguito de naranja, caldo, café o chocolate. Una de esas opciones, o todas y si es domingo puede haber tamal acompañado de arepa y café. La arepa se encuentra en todas las formas y tamaños y acompaña el desayuno, el almuerzo, el algo y la comida. Europeos y argentinos podrían pensar que Colombia es alcohólica porque para ellos el ‘tinto’ es vino rojo, pero en Colombia tinto es café negro, por lo que los colombianos deben tener cuidado al pedir en otros países tinto o pueden terminar borrachos. En Colombia todo el día se toma tinto. No expresso, más bien café americano. Existe una curiosa costumbre que hasta ahora solo he visto en pueblos antioqueños: tomar aguardiente en taza de café, pero tiene una razón de ser. En los pueblos sale la gente a misa, van a la plaza y se sientan en cualquier sitio con lo que parece un café. Pero si uno se acerca, descubrirá que es un cóctel de café con aguardiente (que en Cundinamarca llaman carajillo). Como dice el viejo adagio, el que peca y reza empata, por eso creo que convendría ser más piadosos y es que debe ser bueno el carajillo madrugador.

Jardín | María Antonieta García R.
Jardín, Antioquia.

     La dieta paisa se diseñó sola,  todo comenzó con la necesidad de tener mucha energía para el trabajo en el campo. Subiendo y bajando montañas, arriando mulas cargadas de café y caballos. Recogiendo los frutos de la siembra y lidiando con un terreno accidentado. El almuerzo pueden ser miles de cosas, entre las que está el inigualable sancocho. Pero lo que es más recurrente son los fríjoles, lo más importante de la bandeja paisa. Ésta última es uno de los platos típicos más populares en Colombia se acompaña de: arroz, carne en polvo, aguacate, huevo, chorizo, morcilla y tajadas de plátano maduro.

Jardín. Sancocho | María Antonieta García R.
Sancocho.

   El antojo se mata con panelitas, panderitos, gelatina de pata, dulce de mora, dulce de guayaba, con galletas o queso, torta negra de matrimonio sin cubierta, o una cucharada del tarro de arequipe. Pero que nadie trate de explicarle a las abuelas que en toda Latinoamérica se consume el arequipe y en cada lugar creen que es lo más típico, le dicen en todos los países de manera diferente (como cajeta o dulce de leche) pero es lo mismo. Lo mejor es que las abuelas sigan pensando que son las únicas que conocen la receta secreta de tal exquisitez, llámese como se llame.

   Soy testigo de una mezcla poco atractiva, he visto que acompañan una bandeja paisa o un sancocho con leche como bebida. Eso comprueba que los estómagos antioqueños son de acero y que la gastronomía cafetera es tan creativa como ellos, o nosotros. Fuimos entrenados, la nana de mi mamá me dio cuando era bebe ‘tintilla’ que es agüita de fríjoles. Según las abuelas es un poderoso menjurje que prepara al niño para poder comer cualquier cosa en la vida. Particularidad que envidian los extranjeros al venir a Colombia pues la comida es tan deliciosa y tan pesada que en el día se dan varios dilemas como el de la necesidad de hacer una siesta.

   Luego del almuerzo está ‘el algo’. La comida entre el almuerzo y la cena que se ofrece entre cinco y seis de la tarde. Consiste en arepa, pan, café o chocolate y queso envuelto en hoja de plátano. En ocasiones también habrá chorizo o tamal y la variante navideña suma natilla y buñuelos.  Al ‘algo’ no se recurre por hambre, se instauró la costumbre en Antioquia por la necesidad de compartir alrededor de una mesa. Una excusa más para estar en familia y expresar amor a través de la comida. Lo mismo ocurre con la cena, que en Colombia tiende a no ser abundante y en una casa paisa por lo general será un calentado de lo que quedo del almuerzo, picado y revuelto. El calentado sorprende paladares exquisitos.

Jardín | María Antonieta García R.
Finca cafetera en Antioquia.

        “Si alguien no quiere caldo se le dan dos tazas” reza el dicho, y por eso culmina el día con la merienda. Entre nueve y once de la noche, justo antes de dormir: tortica o galleticas con ‘lechita’. Los diminutivos y exageraciones en Colombia son comunes, pero nada es poco; un ‘poquitico’ de sancocho, por qué no, o “cualquier cosita que se le enrede en la cocina”. El amor se traduce en comida así que en Colombia prepárese para recibir mucho, pero mucho, amor.

       Es recomendable tener especial prevención con el aguardiente; eufórico veneno de anís que se ofrece en cualquier momento o situación y no precisamente por cariño. El colombiano se divierte al ver a cualquier ‘gringo’ tomando ‘guaro’. El doble cuando lo ve tratando de superar el peor guayabo del mundo con caldo de costilla.