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Encuentro de jaguares

– Pocas viajeras solas se atreven a aceptarme un trago acá en mi casa, en medio de la selva.

-Yo no te tengo miedo.

-Claro, eso solo lo dice un jaguar.

No sabía a qué se refería, pero sí había notado que nuestra aproximación fue como un baile de dos felinos que se enfrentan. Desconfiados nos rodeamos despacio observando cada detalle, yo en el lugar y él en mi atuendo y equipaje. Notó mi cadena con mi nombre, las pulseras de jade y mi incomodidad. Yo noté la suciedad, que estaba semidesnudo, su collar de calaveras, los gatos pulgosos sobre las colchonetas, la ausencia de paredes y de un toldillo para los millones de insectos que ya me estaban atacando. Me señaló y me acusó de ser una chica fresa y me molestó que una persona que apenas conocía se atreviera a acusarme de algo que seguramente odia solo por un par de miradas. Siempre escondo el miedo con la ira. Yo lo juzgué de vuelta además, pero no le dije mi desacertado dictamen: acosador, mero macho inseguro. El ganó la batalla, estábamos en su territorio y como inteligentemente haría un jaguar que pierde una contienda me retiré sin bajar la cabeza ni darle la espalda.

El día siguiente entré al parque arqueológico de Palenque y pregunté por un guía, “solo queda él” me dijeron señalando un personaje redondo, gracioso y bizco. Ya le iba a decir que no estaba interesada (no podía imaginar como un bizco podría guiarme y no caer), cuando me dijo que para los mayas ser bizco era muy atractivo. Me saco una sonrisa y lo contraté inmediatamente. Al terminar el recorrido me dijo que si me interesaba saber cuánto estaba por descubrir, por supuesto me imaginé que tendría la suerte de encontrar el botón secreto que abriría las compuertas de una pirámide y lo seguí. Después de un largo camino comencé a ver raíces de árboles muy enredadas y que sobresalían, me enseño lo que escondían: miles y miles de piedras verdes, toda la ciudad de Palenque está bajo tierra y árboles. Lo que se observa es un uno por ciento, fue una ciudad inmensa. A pesar de la belleza, la sensación que uno siente en ese lugar es un poco atemorizante. Cuando vi los pedazos de ruinas de lo que no está destapado sude frío, sentí que estaba entrando en un territorio prohibido (y el sonido de los monos aulladores no ayudaba). Sentí lo mismo en el Amazonas, el instinto de supervivencia me hizo rogarle al guía que regresáramos inmediatamente. Muy seguramente nuestros antepasados simios evitaban caminar entre la selva y preferían balancearse sobre las ramas para protegerse de los animales feroces y quiero pensar que fue eso lo que me hizo salir corriendo del parque arqueológico de Palenque y no me supersticiosa cobardía, que no tiene nada de jaguar y sí mucho de liebre.

El guía no se equivocó en un solo paso y me hizo reír tanto que me ablandé con la rabia que tenía de encuentro el día anterior con el hombre de Coachsurfing al que le parecí muy fresa. Tome unos bocadillos colombianos y me dirigí a su plataforma entre los árboles a pedirle disculpas, sentí que mi propio miedo y desconfianza me habían cegado y había sido grosera con una persona que amablemente me había ofrecido su casa solo por sentirme ofendida por algo que hasta era cierto. Me di cuenta de lo fresa que era al alquilar una cabaña para mi sola y organizar mi ropa y productos de belleza femeninos en un tocador como si estuviera en un hotel de cinco estrellas y no en la mitad de la selva. Aquel mexicano con collar de calaveras se disculpó de vuelta, aceptó feliz mis bocadillos y lo vi como un niño de dos metros pero niño, recogimos en su carro destartalado y con un perro gigante a una amiga suya, me ofreció una caguama y hablamos horas. Fue una noche realmente increíble y sus historias como guías de Palenque y Coachsurfers eran tan fascinantes como peligrosas. Recuerdo tener la sensación de estar abierta a la magia y mi miedo a la oscuridad que nos rodeaba porque estaba llena de sonidos raros. Me fui antes que mi espíritu despertara. México, igual que mi anfitrión de la noche, fue como un animal indomable que en cualquier momento podía morder, pero no lo hizo porque le encantó agradar y que el observador admirara su poder. Supongo que puedo decir lo mismo, pues cuando él me comparó con un jaguar solo me llene de orgullo. Gracias a Raúl tuve una noche de contacto con la simple y sabia naturaleza Maya que asegura que todos tenemos un espíritu animal que en ciertas ocasiones se hace visible.

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Piropos a mujeres viajeras

Miles son las historias de amor de viajeros, pero más las historias de piropos y coqueteos sobretodo si se es una viajera solitaria. Los piropos dicen mucho de la cultura, del machismo y de la idiosincrasia del lugar. No me gustan, no los aplaudo y es de lo más incomodo de andar por la calle. No soy una mujer despampanante y aún así me han tocado miles, a todas, así seamos feas. Lo curioso es que en algunos lugares “arrasamos” más que en otros y eso me causa curiosidad.

No sé qué tan enterados están los hombres de la lluvia de piropos que recibimos las mujeres en las calles. Seamos feas o bonitas, estemos mal vestidas o elegantes. Tengamos cara de felicidad o de histeria. Estemos solas o acompañadas. Es una costumbre mundial que no creo que tienda a desaparecer, y a pesar de lo que digan algunas feministas, seguro un par de piropos nos han hecho sentir bonitas. Voy a contarles algunas experiencias de este tipo para que se empapen los hombres de nuestra realidad con el acoso callejero, las mujeres estén preparadas por si les pasan este tipo de experiencias y porque algunos reflejan la cultura del lugar. (Otros pocos simplemente divierten).

  • Compraba mi tiquete para entrar a Teotihuacán y el cajero me miro el cuello, yo llevaba un collar con mi nombre. Me dijo: “señorita usted necesita la compañía de un tocayo” le respondí agradecida “no, muchas gracias Antonio”.
  • En las Vegas no hay ningún piropo que recordar, es desagradable el ánimo de los hombres y el ambiente hipersexualizado de la ciudad. El strip está lleno de borrachos buscando prostitutas y recibiendo volantes de bailarinas exóticas, volantes que reparten niñas mexicanas que no sobrepasan los doce años. Un hombre me paró en la calle, ignorando mi acompañante, a preguntarme si era stripper “I want your pussy”, le dije que si bailaba pero nunca lo haría para él (obvio no bailo y estaba muy furiosa). Los amigos escucharon todo y comenzaron a burlarse, el me miró con cara de odio y me sentí rodeada por simios salvajes, sentí mucho miedo y me di cuenta que habría sido mejor no responder. No paso nada pero cuando nos acercábamos a un grupo de hombres me le pegaba a mi amigo para sentirme segura.
  • En la playa de Mazunte un español que nos dijo a mi amiga y a mí que éramos las mujeres más hermosas de la playa. Le respondí que no le creía pues había visto pasar mujeres mucho más hermosas por ahí. “Tal vez haya mujeres más guapas, pero ustedes son colombianas, ustedes serán nuestras esposas”.
  • Estaba con unos amigos en Barcelona y me quejé de estar gorda y tener la cadera muy ancha, un amigo con su característica tosquedad divertida me dijo “jo, si eres colombiana, como Shakira your hips don´t lie”.
  • En Lima el mesero del hotel me atendió muy bien, exageradamente bien, incluso me trajo un segundo pan de chocolate y más café de cortesía. Con mi buen apetito lo agradecí. Volvió luego y me pidió llenar un formulario calificando el servicio en donde, y fue muy específico, debía poder todos mis datos. A los dos minutos me había agregado a Instagram, Twitter, Facebook y me había enviado un mensaje al correo electrónico invitándome a salir.
  • Yo me considero bonita, pero en México definitivamente me sentí despampanante. En Puebla me atendieron unos cinco meseros distintos, se turnaban para traerme platos mexicanos increíbles a cambio de la respuesta a una pregunta: ¿Tienes novio? ¿También bailas como Shakira? ¿Por qué viajas sola? En fin… fue una tarde de comida y preguntas. El último me trajo un trago de pasita (delicioso) pero ahí ya me sentí insegura porque pensé que me iban a querer emborrachar. Así que les pedí la cuenta. Me cobraron con mi cuenta de Facebook y en menos de una hora tenia mas de veinte likes.
  • Iba en un avión que haría escala en Puerto Rico. Un apuesto auxiliar de vuelo me preguntó varias veces si estaba bien o quería algo. Me preguntó si trabajaba como azafata encubierta, respondí reiteradamente que no. Insistió todo el vuelo ofreciéndome tragos hasta que terminó por decirme que quería que le dijera que sí pues eso implicaba que me quedaría una noche en Puerto Rico igual que él. Juró que si me quedaba me conseguiría un vuelo para el día siguiente y le dije que lo pensaría. Mis compañeros de silla no se perdieron ni una palabra y cada vez tenían los ojos más abiertos, creo que debieron seguir mis pasos rápidos en el aeropuerto huyendo a tomar el siguiente avión.
  • En un parque de Quito me senté a comerme una manzana. Un hombre daba vueltas en su bicicleta y pasaba una y otra vez por mi lado, no se decidía a hablarme hasta que tomo coraje y se acercó. “Se nota que no eres de acá, ¿puedo invitarte a tomar algo ésta noche?”.
  • En Buenos Aires un obrero me dijo “¡bombón!” me giré furiosa como siempre, dispuesta a decirle cualquier cosa o mirarlo muy mal. Cuando lo vi me sentí frente a un modelo de Gucci, no pude evitar sonreirle, de hecho fue risa nerviosa, Gardel había reencarnado y me había enamorado de él.
  • En el metro de México me subí sola al vagón mixto en hora pico. Sentí que me olían, estaba rodeada y apretada por mas de cinco tipos muy pegados a mi cuerpo. Sabía que estaba en problemas, pero solo era una estación afortunadamente y no les dio tiempo a intentar nada más que olerme y mirarme como plato de comida. Me bajé de un salto y uno de ellos se bajo detrás mio, me dijo “una señorita como usted no se debe volver a subir a estos vagones, hay vagones de solo mujeres señorita, yo la llevo”.
  • En el Tayrona me encontré con un argentino que me preguntó si andaba con el chico con quien estaba de viaje, “es complicado”, le dije. Luego estando los tres le dijo a mi compañero “che, como diría Cortazar, hay mujeres que cuando las ves sientes que te parte un rayo en la mitad. Solo los tontos no reconocen que eso es  amor”.
  • En Buenos Aires los hombres pescan mujeres en los bares, lanzan manotadas entre la multitud a ver que agarran y lo raro es que siempre agarran a alguien. Yo iba con otra colombiana, una ecuatoriana y una argentina y me advirtieron de este comportamiento “acosador”. Luego de esquivar manotadas un hombre me dijo “¿me das un beso?” le respondí “No, ni siquiera sé cómo te llamas” y se dio la vuelta y le hizo la misma pregunta a todas mis amigas. Ninguna lo besó y le conté a un taxista, el me miró por el espejo extrañado y me dijo “¿Pero de qué te quejás si fuiste la primera a quien le preguntó?
  • En el desierto del Sahara me quedé en unas haimas, tiendas de pelo de camello en donde se quedan los nómadas. Al amanecer me estaba poniendo mi turbante para protegerme de la arena y el sol, y un hombre mayor me ayudó. Al terminar me miró fijamente y me dijo casi en secreto y con los ojos brillantes “pareces una Fátima”. Fátima es para los árabes la mujer única.
  • ¿Cuántos camellos guapa? Nos dijeron más de una vez a mis dos amigas y a mí en diferentes ciudades de Marruecos. Parece que aprenden solo el español necesario. En Chefchauen volvieron a decirlo, pero señalando a una de mis amigas. Le respondí “por ella cien camellos y un tapete mágico” y mi amiga, que es Canaria, reclamó, “¿por tan poco?” pensé que nadie más entendía español pero toda la calle estallo en risas.
  • Caminaba con mi hermana por el parque de Usaquén de Bogotá, mientras comíamos merengón. Un hippie de los que vende joyas en la calle nos dijo “¿el merengón es lo que las tiene así de buenas?” Casi escupimos el bocado que nos estábamos comiendo de la risa. Nos sentimos hermosamente gordas y glotonamente ofendidas.
  • En Medellín es muy común el “saludes a la suegra”, si la conocieran estoy segura que le dirían el piropo a ella.
  • Italia… ah Italia. Creo que llenaría este escrito de piropos italianos raros y divertidos, como cuando uno me dijo que era más italiana que cualquier italiana. Pero lo que suena mejor en su idioma es el “¡Bella, bellísima!”. El italiano definitivamente debe ser el lenguaje del amor.
  • En Alemania no hubo piropos ¡y más bien yo los quería decir! Miraban, pero depronto saben que su idioma suena un poco a regaño. Aunque a una amiga brasilera si le paso un episodio curioso pidiendo una salchicha alemana en un restaurante lleno de viejitos. Pero por mi experiencia, pensaría que son los hombres más respetuosos del planeta. Sea lo que sea me enamoré en cada esquina y confirmé que algunas miradas de hombres guapos con rasgos turcos, dicen más que una palabra, así no se tomen cartas en el asunto.
  • En Suiza… En Suiza no vi mucha gente, estuve en inverno y cada uno iba protegido por ochenta capas de ropa y bufandas que ocultan cualquier mal pensamiento.
  • En Medellín mis hermanas y yo nos sentimos feas porque hay muchas mujeres hermosas en esa ciudad. Así que el día que nos dijeron “que belleza de rolas” nos sentimos halagadas. Aunque duramos mucho tiempo preguntándonos qué rasgo de nuestro aspecto nos delataba como rolas, una de las teorías eran las mejillas rojas, que llaman el bronceado papero, ¡que para nosotras no tiene nada de atractivo! Pero si a uno le dicen que es bonita en Medellín, es porque es bonita.
  • El ganador es el piropo misterioso: un chico se obsesionó conmigo en un hotel en el desierto de Marruecos. Atendía en el bar y le pedí un té, le sonreí mirándolo a los ojos y su cara se transformó. Mis amigas decían que era demasiado sonriente y que los árabes confundían eso con coquetería, ¡pero es que yo estaba tan feliz de estar allá! El caso es que Soufian no sabía que hacer, se enloqueció. Me da ternura acordarme de cómo caminaba de un lado al otro atendiendo a todos los huéspedes sin quitarme la mirada, pensé que caería en la piscina varias veces. No hablamos mucho, el único lenguaje en común eran los números, me anotó lo que creo que era su edad y yo le anoté la mía, me mostró en su celular el icono de WhatsApp y yo le anote mi número. ¡Pero fue imposible comunicarnos! Aún me escribe en un lenguaje incomprensible parecido al árabe, tal vez un dialecto nómada antiguo, pero no lo entiendo ni con traductor. Seguro me dijo mil cosas bonitas, nunca lo sabré pero me gusta recordarlo así.

Yo no satanizo los piropos y no les diré que dejen de hacerlos, pero las mujeres viajeras sí deben tener en cuenta que hay que andar con cuidado, saber cuándo se responde y cuando no, se debe tener encendido el instinto para protegernos y procurar hacer amigas y amigos en el camino para no parecer tan vulnerables a los ojos de los locales. En todos los países se viven estas situaciones, especialmente en Latinoamérica y África. Viajar solas implica de alguna manera estar preparadas para este tipo de acoso y tratar de tomarlo de la mejor manera para no correr riesgos (lamentablemente esto no solo aplica en los viajes sino en la misma ciudad en donde uno vive).

Lo que apoyo no es que terminen para siempre pero sí que se tenga consciencia del respeto a la mujer y creatividad, nada más desagradable que el acoso y la vulgaridad. Aplaudo el ingenio y la poesía que pueden aplicar los hombres a un buen piropo callejero si es que no van a dejar de hacerlo y si se esmeraran en ser decentes seguramente no nos harían sentir ni mal, ni violentadas y más bien podrían lograr una sonrisa. En conclusión, a las mujeres viajeras algunos piropos nos molestan infinitamente, otros son dignos de inmortalizar como un souvenir de cada lugar.

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Otro viaje en Villa de Leyva

El reflejo en el espejo no era suyo sino de su madre, y podía creerlo, se había comido un hongo con leche condensada hacía más de una hora. Todos sus fluidos corrían, las lágrimas, el sudor, los mocos, todo era agua, a pesar de estar sufriendo uno de los efectos de la intoxicación sentía gozo infinito.

Se reincorporó, cada uno en su viaje pero coincidían en las miradas cómplices, en la sonrisa. Uno de ellos dijo “¿sintieron eso?”, ¡y sí! no quería decirlo, esperó a que alguno se atreviera y así pasó, la casa respiraba. La sala naranja era un pulmón inmenso latiendo a un mismo ritmo que se unificó. Fue un momento tan raro como místico, pues sintió que estaban conectadas las mentes, que la realidad estaba siendo una para todos y que así era siempre, pero hasta ahora su estado de consciencia lo hacía evidente. Apenas comenzaba, fue una terapia personal exprés. Cada uno en su silla, viajaba a kilómetros, en el tiempo, en el espacio, como en un sueño piloteado a consciencia. Cerró los ojos y pensó lobos corriendo, hechos de líneas de colores, de esas que quedan en la retina cuando se ve por largo tiempo una luz. Alucinar, ver las ideas manifestadas en imágenes mentales, lobos corriendo de un lado a otro en manada. La idea era como ruido, que se va y viene, de imágenes coloridas.

A pesar de sus diecisiete años pensó en la vejez y se le antojó pacífica, pensó en la aceptación paciente del paso del tiempo, en la naturaleza de las cosas, la inminencia de la muerte y la necesidad del deterioro físico para su acogida final. Tenía puesto un chal y se lo ponía como se lo ponía su madre, su abuela, la madre de su abuela, la abuela de su abuela. Sintió todas las mujeres de su familia, todas las edades y sus experiencias. Se sintió vieja y muy feliz de saber que también todas ellas. Pasado el tiempo pensó que sus amigos eran una distracción pues le hacían abrir los ojos e interrumpir sus “irrazonamientos” para decir frases que en el momento les parecían súper coherentes pero eran absurdas, así que puso un cassette grabado de radio de Luis Alberto Spinnetta; ahora él guiaba el viaje, la poesía no sonaba tonta.

Si el viejo portal del cielo puede enfriar los cuerpos de hoy y ayer, se niega el recuerdo por sano y se quema, en las puertas de una ciudad que aúlla sin ser vista.

Se le ocurrió preparar chocolate y puso a calentar una olla sin agua, la agregó minutos después, por lo que saltaron gotas y alcanzaron a quemarle las manos. Luego recordó que no había puesto chocolate e imaginó que su mano era el ingrediente faltante, ¡que por suerte no agregó! En ese momento notó que alguien salió de la casa y le indicó con un grito militar que inmediatamente regresara. Su latente sobriedad la impulsó a traerlo adentro y cerrar con llave como si fuera su madre. No les contó que al cerrar alcanzó a ver un unicornio blanco alumbrado por la luna, mirándola fijamente.

Las ventiscas en sombras ahuyentan el humo de unos muñecos que se queman, en el alba roja y ardiente de la locura.

Uno de ellos no había comido hongos y se sentó a dibujar, todos los rodearon, seguramente como harían los antepasados al ver que alguno realizaba una tarea que exigía una herramienta de precisión. Retrató a dos personas dándose un beso, o eso creían ver todos, y el sonido de agua de la canción acompañaba perfectamente ese largo, natural, salvaje y húmedo beso. La trampa del dibujante para “envidearlos”, para llevar el viaje a su manera, ser un dios entre un grupo de locos. Seis horas y ¿cómo era que seguía en este estado? Tuvo miedo de quedarse así, la paranoia siempre acompaña las sustancias porque la conciencia no abandona, (a no ser que algo salga mal y siempre existe el riesgo). La palabra “confabular” se presentó y concluía toda la experiencia, la vida se confabulaba para que la realidad que queremos pensar ver y vivir sea esa misma y no otra. Todo sale mal cuando esa realidad ya no concuerda con la de los demás y por eso las plantas sagradas son y deben ser de uso restringido pues oscurecen las salidas del laberinto a quienes las usan sin responsabilidad y sin propósito.

Las caras que asoman la ventana quieren cristalizarse en mi pensamiento en forma alucinatoria, como si los muebles pudieran hablarme de ellas, sin moverse, produciendo ruidos incomprensibles a mi espalda.

La reflexión fue interrumpida por una canción que no había sonado y momento erótico surreal: dos manos hicieron el amor, nada más que manos. Se tocaron horas, se dieron besos largos, aprendieron a sincronizar el ritmo, se erizaron esas manos que apenas despertaban al amor. Hubo risa y vergüenza al parar pero esa noche ritual todo estaba permitido con venía de Cavafis.

Sueña un sueño despacito. Entre mis manos, hasta que por la ventana suba el sol.

Habían pasado ocho horas y se alzaba en la ventana el azul reproche mientras iban cayendo en un sueño profundo. El día siguiente, ya los cinco sobrios, visitaron los pozos azules, que se le antojaron más brillantes que nunca, como su vida. Tres meses después la espantaron duendes en su habitación. No sabía si mágicamente había conectado con seres fantasiosos o la sustancia estaría en su cuerpo algún tiempo mientras era eliminada. Agradeció a la naturaleza por una experiencia única e inolvidable y se despidió de los hongos, sus lobos, manos y duendes.

No es tu cuerpo, al fin tienes un alma, y si tu ser estalla será un corazón el que sangre. Y la canción que escuchas tu mente abrirá con el alba.

 

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San Agustín: Coffee and archaeology

“In the heart of the Andes Cordillera is a town surrounded by incredible and mystical archaeological parks. Declared a UNESCO World Heritage Site in 1995, San Agustin Archaeological Park is the most important and well known of Colombia. The region is particularly beautiful for its green canyons, large hills, and powerful rivers habitats in which animal species, typical from the sub- Andean forest, abund.”…

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El niño artesano y el talismán

Colombia y Marruecos tienen muchas cosas en común, aunque nadie apueste por ello. Aspectos positivos y negativos acercan países hermanos separados por el mar.

Donde abunda el hambre y la pobreza abunda el calor de su gente y la alegría. La hospitalidad, el cariño y el arte llenan medinas marroquíes y calles colombianas. En uno abunda el agua y el verdor, en otro la arena roja y la sequía, pero en ambos se encuentra gente trabajadora en cada esquina haciendo de su arte un modo de vida y una pasión.

Lo que impacta, en ambos países es que los trabajadores y artesanos muchas veces son niños. Lo primero que se piensa es que deberían estar jugando en vez de trabajar, solos o con sus padres, pero se debe reconocer que las labores artesanales son de gran calidad porque son realizadas por personas que llevan años practicándolas, a veces incluso desde su infancia, esto como respuesta a una problemática social que no les ha dejado alternativa. Muchos niños no han tenido la fortuna de poder acceder a la educación permanecen con sus padres en casa o en sus negocios y no les queda más remedio que ocuparse en labores útiles en vez de estar viendo televisión, en esos casos podría ser comprensible que estén trabajando y aprendiendo de la experticia directa de sus padres alguna labor.

Esto pasa en Colombia y Marruecos, aunque sea más común verlo en el segundo, ya que en Colombia los niños que no están estudiando no pueden trabajar y por lo general lo hacen ilegalmente. De hecho los niños que se ven trabajando en Colombia lo hacen sobretodo vendiendo dulces, limpiando ventanas en los semáforos, pidiendo limosna y muchas otras cosas que no les deja ni experiencia laboral, ni están aprendiendo un oficio que más adelante les pueda representar una manera de sustento. No es que esté bien que los niños trabajen, pero es preferible verlos aprendiendo de sus padres a grabar metal que verlos pidiendo limosna en el transporte público.

En Chefchauen, Marruecos, la ciudad conocida como la Perla Azul de Marruecos, por caracterizarse por tener casi todas las construcciones del centro histórico pintadas de azul, se encuentra este niño y su padre en una tienda de artesanías. Mientras venden, siguen trabajando en sus grabados sobre metal. Camellos, platos, manos de Fátima y miles de objetos decorativos de cobre, bronce u otro metal están bellamente decorados por sus diestras manos y sus  exactas herramientas, mientras en el metal graban también sus sonrisas.

Detrás de cada objeto artesanal que puede no ser más que un recuerdo o souvenir se esconde una historia que obligando indirectamente al espectador a hacer una reflexión. Ojalá cada uno de esos objetos, como un talismán, abriera mágicamente la mente del turista y lo empujara a tumbar prejuicios, a considerar otras realidades, a valorarlas y posiblemente verse reflejado en el otro.

Yo me compré un camellito de bronce. Insha´Allah.

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Libro «Almas de Marruecos»

Los invito a adquirir y leer el libro «Almas de Marruecos», en el que participé como autora junto a los demás miembros del equipo de 6 VeletasLo escribimos luego de conocer el país africano, con la esperanza de plasmar en relatos cortos y fotografías un poco de la cultura marroquí. Shukran

Este vídeo es una pequeña muestra del viaje que nos inspiró:

Puedes adquirir el libro en Amazon, en formato digital o impreso, haciendo click aquí.

Libro de Almas de Marruecos

 

«Marruecos está viviendo profundos y rápidos cambios debido a la globalización y al turismo masivo. Sus tradiciones y valores familiares están transformándose. 6 Veletas ha querido abrir su mente e incidir en el imaginario que se tiene sobre los árabes, que actualmente podría estar viéndose malinterpretado por acciones terroristas que no representan la riqueza del país, de su gente o del Islam. Con este libro acercamos su cultura a los lectores, llevándolos a un viaje a través de la literatura de viajes.» 6 Veletas.

 

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Caos y perfección en Roma

Así el turista esté preparado para la comida, las ruinas arqueológicas y la ciudad del Vaticano, Roma supera la imaginación. Una atmósfera teñida con un sol naranja, música callejera, romanticismo, espiritualidad y un público de esculturas -que observan pacientemente cómo pasa el tiempo-, hacen de Roma esa ciudad soñada que no decepciona sino qué como el gelatto, siempre antoja de más.

Roma tiene placas y avisos que anuncian monumentos que se quedan cortos para todo lo que dejaron casi tres mil años de historia. Miles de personas se dan cita en la ciudad madre de las ciudades, de la política, de las instituciones occidentales para darse cuenta cómo nuestro pasado confluye y coincide, cómo se asemeja nuestra modernidad, cómo existe aún desarrollo, conflictos políticos, efervescencia cultural y circo. Todo reunido en edificios, museos, ruinas, monumentos, fuentes y panorámicas, acompañadas de arte, música, olores y sabores que esculpen recuerdos como las piedras que hoy decoran la ciudad pero tienen mucho que contar.

El Foro | María Antonieta García R.

Hordas de turistas llegan a Roma buscando esa magia, por eso es recomendable ir a ciertos lugares turísticos en un tour organizado que garantice las entradas y el acompañamiento del guía, pues ver y no entender lo que se observa sería como perderse de la esencia, las historias de la ciudad. Otros son para ir solo y perderse, como el barrio Trastevere que tiene cuentos de fantasmas, amantes, héroes y asesinos.

La ciudad de las ruinas y de las iglesias -en donde es indispensable entrar cubierto por respeto a las reglas que tienen los edificios propiedad del Vaticano-, de imágenes religiosas, de personas orando e incluso de dichos alusivos a la religión. Como tal, ofrece a creyentes y no creyentes una experiencia única, más aún cuando el turista tiene la suerte de coincidir con la salida del Papa en la plaza de San Pedro o de asistir un jueves o viernes santo. Uno puede sentir cómo casi por el solo hecho de pisar el Vaticano puede quedar libre de pecado.

El Coliseo | María Antonieta García R.

Edificios monumentales, galerías de arte exquisito y espacios en donde la fe está viva, eso es común en Roma y no solo la católica; En la Basílica de San Pedro se puede topar el visitante católico con un rabino, un monje budista, una mujer musulmana y más. Es un lugar de encuentro de culturas, religiones y maneras de pensar ya que sus puertas están abiertas a todos. Nadie, sea de la religión que sea, debe perderse la maravilla arquitectónica de más de dos hectáreas de superficie decorada con las más bellas obras de arte como La Piedad de Miguel Ángel que simplemente da ganas de llorar.

“Dios” no se equivocó en escoger el Vaticano como ciudad para su sede. Incluso en Roma el caos parece funcionar a la perfección, no solo por ser obra divina sino también porque en algún momento se vuelve anécdota, esa que todos los que han ido Roma y se han enamorado de ella, van a comprender.

El Vaticano | María Antonieta García R.