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Otro viaje en Villa de Leyva

El reflejo en el espejo no era suyo sino de su madre, y podía creerlo, se había comido un hongo con leche condensada hacía más de una hora. Todos sus fluidos corrían, las lágrimas, el sudor, los mocos, todo era agua, a pesar de estar sufriendo uno de los efectos de la intoxicación sentía gozo infinito.

Se reincorporó, cada uno en su viaje pero coincidían en las miradas cómplices, en la sonrisa. Uno de ellos dijo “¿sintieron eso?”, ¡y sí! no quería decirlo, esperó a que alguno se atreviera y así pasó, la casa respiraba. La sala naranja era un pulmón inmenso latiendo a un mismo ritmo que se unificó. Fue un momento tan raro como místico, pues sintió que estaban conectadas las mentes, que la realidad estaba siendo una para todos y que así era siempre, pero hasta ahora su estado de consciencia lo hacía evidente. Apenas comenzaba, fue una terapia personal exprés. Cada uno en su silla, viajaba a kilómetros, en el tiempo, en el espacio, como en un sueño piloteado a consciencia. Cerró los ojos y pensó lobos corriendo, hechos de líneas de colores, de esas que quedan en la retina cuando se ve por largo tiempo una luz. Alucinar, ver las ideas manifestadas en imágenes mentales, lobos corriendo de un lado a otro en manada. La idea era como ruido, que se va y viene, de imágenes coloridas.

A pesar de sus diecisiete años pensó en la vejez y se le antojó pacífica, pensó en la aceptación paciente del paso del tiempo, en la naturaleza de las cosas, la inminencia de la muerte y la necesidad del deterioro físico para su acogida final. Tenía puesto un chal y se lo ponía como se lo ponía su madre, su abuela, la madre de su abuela, la abuela de su abuela. Sintió todas las mujeres de su familia, todas las edades y sus experiencias. Se sintió vieja y muy feliz de saber que también todas ellas. Pasado el tiempo pensó que sus amigos eran una distracción pues le hacían abrir los ojos e interrumpir sus “irrazonamientos” para decir frases que en el momento les parecían súper coherentes pero eran absurdas, así que puso un cassette grabado de radio de Luis Alberto Spinnetta; ahora él guiaba el viaje, la poesía no sonaba tonta.

Si el viejo portal del cielo puede enfriar los cuerpos de hoy y ayer, se niega el recuerdo por sano y se quema, en las puertas de una ciudad que aúlla sin ser vista.

Se le ocurrió preparar chocolate y puso a calentar una olla sin agua, la agregó minutos después, por lo que saltaron gotas y alcanzaron a quemarle las manos. Luego recordó que no había puesto chocolate e imaginó que su mano era el ingrediente faltante, ¡que por suerte no agregó! En ese momento notó que alguien salió de la casa y le indicó con un grito militar que inmediatamente regresara. Su latente sobriedad la impulsó a traerlo adentro y cerrar con llave como si fuera su madre. No les contó que al cerrar alcanzó a ver un unicornio blanco alumbrado por la luna, mirándola fijamente.

Las ventiscas en sombras ahuyentan el humo de unos muñecos que se queman, en el alba roja y ardiente de la locura.

Uno de ellos no había comido hongos y se sentó a dibujar, todos los rodearon, seguramente como harían los antepasados al ver que alguno realizaba una tarea que exigía una herramienta de precisión. Retrató a dos personas dándose un beso, o eso creían ver todos, y el sonido de agua de la canción acompañaba perfectamente ese largo, natural, salvaje y húmedo beso. La trampa del dibujante para “envidearlos”, para llevar el viaje a su manera, ser un dios entre un grupo de locos. Seis horas y ¿cómo era que seguía en este estado? Tuvo miedo de quedarse así, la paranoia siempre acompaña las sustancias porque la conciencia no abandona, (a no ser que algo salga mal y siempre existe el riesgo). La palabra “confabular” se presentó y concluía toda la experiencia, la vida se confabulaba para que la realidad que queremos pensar ver y vivir sea esa misma y no otra. Todo sale mal cuando esa realidad ya no concuerda con la de los demás y por eso las plantas sagradas son y deben ser de uso restringido pues oscurecen las salidas del laberinto a quienes las usan sin responsabilidad y sin propósito.

Las caras que asoman la ventana quieren cristalizarse en mi pensamiento en forma alucinatoria, como si los muebles pudieran hablarme de ellas, sin moverse, produciendo ruidos incomprensibles a mi espalda.

La reflexión fue interrumpida por una canción que no había sonado y momento erótico surreal: dos manos hicieron el amor, nada más que manos. Se tocaron horas, se dieron besos largos, aprendieron a sincronizar el ritmo, se erizaron esas manos que apenas despertaban al amor. Hubo risa y vergüenza al parar pero esa noche ritual todo estaba permitido con venía de Cavafis.

Sueña un sueño despacito. Entre mis manos, hasta que por la ventana suba el sol.

Habían pasado ocho horas y se alzaba en la ventana el azul reproche mientras iban cayendo en un sueño profundo. El día siguiente, ya los cinco sobrios, visitaron los pozos azules, que se le antojaron más brillantes que nunca, como su vida. Tres meses después la espantaron duendes en su habitación. No sabía si mágicamente había conectado con seres fantasiosos o la sustancia estaría en su cuerpo algún tiempo mientras era eliminada. Agradeció a la naturaleza por una experiencia única e inolvidable y se despidió de los hongos, sus lobos, manos y duendes.

No es tu cuerpo, al fin tienes un alma, y si tu ser estalla será un corazón el que sangre. Y la canción que escuchas tu mente abrirá con el alba.

 

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San Agustín: Coffee and archaeology

“In the heart of the Andes Cordillera is a town surrounded by incredible and mystical archaeological parks. Declared a UNESCO World Heritage Site in 1995, San Agustin Archaeological Park is the most important and well known of Colombia. The region is particularly beautiful for its green canyons, large hills, and powerful rivers habitats in which animal species, typical from the sub- Andean forest, abund.”…

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Gastronomía paisa en Colombia

Medellín es vibrante, violenta, pacífica, agradable, difícil, bipolar. Soy rola pero mi mamá como buena paisa me inculcó y transmitió su cultura, imponiéndola, sobretodo en la mesa. Como en otros países: dónde se vaya en Colombia, se recibirá comida como muestra de hospitalidad. Costumbre afortunada, pero es muy peligroso si uno quiere mantenerse en forma, pues lo que ofrecen en el Departamento colombiano de Antioquia, no es nada light.

Medellín|María Antonieta García R.
Mi abuela mostrándome la foto de mi bisabuela, en Medellín.

    El día comienza con desayuno: fríjoles recalentados, hígado encebollado con arepa o huevo con arepa, quesito campesino y juguito de naranja, caldo, café o chocolate. Una de esas opciones, o todas y si es domingo puede haber tamal acompañado de arepa y café. La arepa se encuentra en todas las formas y tamaños y acompaña el desayuno, el almuerzo, el algo y la comida. Europeos y argentinos podrían pensar que Colombia es alcohólica porque para ellos el ‘tinto’ es vino rojo, pero en Colombia tinto es café negro, por lo que los colombianos deben tener cuidado al pedir en otros países tinto o pueden terminar borrachos. En Colombia todo el día se toma tinto. No expresso, más bien café americano. Existe una curiosa costumbre que hasta ahora solo he visto en pueblos antioqueños: tomar aguardiente en taza de café, pero tiene una razón de ser. En los pueblos sale la gente a misa, van a la plaza y se sientan en cualquier sitio con lo que parece un café. Pero si uno se acerca, descubrirá que es un cóctel de café con aguardiente (que en Cundinamarca llaman carajillo). Como dice el viejo adagio, el que peca y reza empata, por eso creo que convendría ser más piadosos y es que debe ser bueno el carajillo madrugador.

Jardín | María Antonieta García R.
Jardín, Antioquia.

     La dieta paisa se diseñó sola,  todo comenzó con la necesidad de tener mucha energía para el trabajo en el campo. Subiendo y bajando montañas, arriando mulas cargadas de café y caballos. Recogiendo los frutos de la siembra y lidiando con un terreno accidentado. El almuerzo pueden ser miles de cosas, entre las que está el inigualable sancocho. Pero lo que es más recurrente son los fríjoles, lo más importante de la bandeja paisa. Ésta última es uno de los platos típicos más populares en Colombia se acompaña de: arroz, carne en polvo, aguacate, huevo, chorizo, morcilla y tajadas de plátano maduro.

Jardín. Sancocho | María Antonieta García R.
Sancocho.

   El antojo se mata con panelitas, panderitos, gelatina de pata, dulce de mora, dulce de guayaba, con galletas o queso, torta negra de matrimonio sin cubierta, o una cucharada del tarro de arequipe. Pero que nadie trate de explicarle a las abuelas que en toda Latinoamérica se consume el arequipe y en cada lugar creen que es lo más típico, le dicen en todos los países de manera diferente (como cajeta o dulce de leche) pero es lo mismo. Lo mejor es que las abuelas sigan pensando que son las únicas que conocen la receta secreta de tal exquisitez, llámese como se llame.

   Soy testigo de una mezcla poco atractiva, he visto que acompañan una bandeja paisa o un sancocho con leche como bebida. Eso comprueba que los estómagos antioqueños son de acero y que la gastronomía cafetera es tan creativa como ellos, o nosotros. Fuimos entrenados, la nana de mi mamá me dio cuando era bebe ‘tintilla’ que es agüita de fríjoles. Según las abuelas es un poderoso menjurje que prepara al niño para poder comer cualquier cosa en la vida. Particularidad que envidian los extranjeros al venir a Colombia pues la comida es tan deliciosa y tan pesada que en el día se dan varios dilemas como el de la necesidad de hacer una siesta.

   Luego del almuerzo está ‘el algo’. La comida entre el almuerzo y la cena que se ofrece entre cinco y seis de la tarde. Consiste en arepa, pan, café o chocolate y queso envuelto en hoja de plátano. En ocasiones también habrá chorizo o tamal y la variante navideña suma natilla y buñuelos.  Al ‘algo’ no se recurre por hambre, se instauró la costumbre en Antioquia por la necesidad de compartir alrededor de una mesa. Una excusa más para estar en familia y expresar amor a través de la comida. Lo mismo ocurre con la cena, que en Colombia tiende a no ser abundante y en una casa paisa por lo general será un calentado de lo que quedo del almuerzo, picado y revuelto. El calentado sorprende paladares exquisitos.

Jardín | María Antonieta García R.
Finca cafetera en Antioquia.

        “Si alguien no quiere caldo se le dan dos tazas” reza el dicho, y por eso culmina el día con la merienda. Entre nueve y once de la noche, justo antes de dormir: tortica o galleticas con ‘lechita’. Los diminutivos y exageraciones en Colombia son comunes, pero nada es poco; un ‘poquitico’ de sancocho, por qué no, o “cualquier cosita que se le enrede en la cocina”. El amor se traduce en comida así que en Colombia prepárese para recibir mucho, pero mucho, amor.

       Es recomendable tener especial prevención con el aguardiente; eufórico veneno de anís que se ofrece en cualquier momento o situación y no precisamente por cariño. El colombiano se divierte al ver a cualquier ‘gringo’ tomando ‘guaro’. El doble cuando lo ve tratando de superar el peor guayabo del mundo con caldo de costilla.

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Sorojchi pill y remedios en Cuzco

El soroche es mareo con jaqueca y náuseas, como una resaca sin alcohol. Maluquera indescriptible que se cura con el sorojchi pill. Los componentes de esa maravillosa píldora son la simple y explosiva mezcla de café y aspirina. Desde que llegué a Cuzco, en avión desde Lima en la aerolínea económica StarPeru, me sentía enferma a pesar de las miles de aguas de coca que me tomé. La cabeza se me quería explotar.

     Estaba sentada en unas piedras mirando el enigmático muro de Saqsaywaman, una antigua fortaleza ceremonial y observatorio astronómico Inca cerca a Cuzco. Digo enigmático porque cuesta creer que en el siglo quince los Incas tenían la tecnología para mover las piedras más inmensas que he visto. Trataba de sobreponerme al soroche cuando me saludó un indígena vestido de chamán. Con la desconfianza típica bogotana le dije que si me iba a vender algo no le iba a comprar, me pasó un frasquito verde que decía “mezcla de hierbas” y me dijo que lo oliera. Lo miré incrédula, aseguró era para el dolor de cabeza; lo olí e inmediatamente se me paso el malestar.

     −Increíble. ¡Qué tiene esto!

     −Siete hierbas, es una mezcla que preparé yo mismo: eucalipto, menta, diente de león…

     −¿Cuánto le debo?

     −Nada, que escuche lo que tengo para contarle.

        A pesar de su rango entre la comunidad, era voluntario en una escuela en donde impartía clases de quechua. Estuvimos largo rato hablando del quechua y de la importancia de conservar la lengua, de transmitirla a las nuevas generaciones. Se me antojó un regalo de la vida conocerlo y mientras me hablaba, fui llenando de pétalos amarillos un charquito de agua en una roca. Sus palabras como esos pétalos, estaban cargados de la sabiduría simple de la naturaleza, me hacía sonreír y pensar que habría sido ideal grabar una conversación como esa para que no se olvide. Pero hay cosas, personas y momentos que no se recolectan, sobre todo cuando estas en un viaje.

Esta soy yo en el punto donde estuve hablando con el Chamán.

      Mi paso por Cuzco fue increíble, en las cercanías hay sitios arqueológicos inigualables y el turismo, aunque es masivo, está bien organizado. Todos los días tenía un tour qué hacer, algo que visitar y deslumbrarme. Creo que se necesitan meses para conocer todo lo que hay que ver, están por ejemplo Coricancha, el Conjunto Arqueológico de Kusicancha, Kenco, Puca Pucará, Tambomachay, Lanlakuyoq, Cusilluchayoq y Chinchero sin contar con los sitios del Valle Sagrado de los Incas o los del Corredor Manco Cápac. Aluciné con paisajes de montañas y niebla, el frío se me antojaba puro. Fui con una amiga del colegio, era nuestra última noche en la ciudad de Cuzco y fuimos a tomar una cerveza peruana −Cusqueña, para mí de las mejores−. Lamentablemente me llevé un sabor más amargo que esa bebida.

      Regresábamos al hotel por una cuesta empinada en el centro de la ciudad. En la calle “Purgatorio” un hombre jóven me pegó en la cola (para los españoles, el culo) y salió corriendo. ¡El nombre de la calle no podía haber sido más apropiado! Recordé haber visto al tipo siguiéndonos minutos atrás en la plaza, me había asechado como un animal. Yo fui tras él con toda la intención de hacerle daño de alguna manera, gritándole, pero la altura volvió a pasarme factura y a la media cuadra me asfixié. No pude correr más, me empezó de nuevo del soroche. Les conté a los del hotel y me dijeron que había corrido con suerte pues había un famoso “corta nalgas” que disfrutaba de cortar con una navaja a las turistas, así que según ellos me había pasado lo menos peor, terrorífico.

      No dormí varias noches teniendo pensamientos oscuros. Quería vengarme, me sentía absolutamente vulnerada y humillada. He sido víctima de acosos, verbales sobre todo, pero los físicos, que han sido pocos pero lamentablemente ‘han sido’, me deprimen profundamente. Hacíamos chistes al respecto con mi amiga para relajarme, como que el idiota se había sentido atraído a mi sexy ruana de lana, pero en realidad nada podía quitarme la ira.

Cusco|María Antonieta García R.
Tranvía.

         Este tipo de cosas no sólo pasan en Perú, pasan en todas partes. Cuando las mujeres viajamos solas o con una amiga, tenemos que tener los cinco sentidos despiertos y andar prevenidas. Eso agota pero no queda más que cuidarse y usar la intuición, ya que parece que algunos lugares del mundo siguen siendo peligrosos para las mujeres -¿o lo son todos?-. Yo vivo en Colombia por eso me centro en sur américa, pero que se aplique en todo el mundo: este es lugar de contrastes, de oscuridad y luz, de respeto y admiración, pobreza y falta de educación. No sólo se trata de conservar tradiciones o lenguas (como el quechua), se trata de educar en todo el sentido de la palabra. El respeto de nuestros indígenas por la Madre Tierra es el mismo respeto que se debería tener por el cuerpo. Necesitamos un remedio que cure a algunos hombres de la enfermiza manía de acosar a la mujer (seguramente algunas mujeres también necesitan el remedio).

          Afortunadamente quedan algunos líderes, maestros y padres que le enseñan a sus hijos sobre esto. Recuerdo aquel indígena de Saqsawayman y la amabilidad y respeto con los que se dirigía a mí. Si no fuera por muchas personas como él que conocí en el camino, por el remedio de hierbitas mágicas para el dolor de cabeza, por sus increíbles sitios arqueológicos, por sus montañas gigantes que literalmente quitan el aliento, por tantos amigos que hice en el viaje, no pensaría repetir un lugar tan interesante, hermoso y místico como Cuzco por ese desafortunado incidente en la calle del purgatorio.

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Un delfín rosado en el Amazonas colombiano

Aún usaba la cámara análoga de mi papá, era 1999 y la fotografía era un arte complicado y caro. Del único rollo que se salvó de la humedad no quedaron casi fotos, del viaje al pulmón del mundo y de mi encuentro cercano con un delfín rosado, el Inia geoffrensis no quedó registro.

Llegué al Amazonas en avión de carga desde Bogotá. El vuelo toma unas dos horas y media y justo cuando se ve la selva, el corazón dentro del pecho te comienza a latir más rápido. Aunque no tanto como cuando el avión desciende y uno no ve entre la espesura de la selva una pista de aterrizaje. De Leticia tomamos una lancha al hotel que quedaba justo sobre un lago. El único detalle es que en las noches todos los maderos del hotel parecían moverse, y no… no “parecían”, realmente se movían pues eran serpientes. Nada de qué preocuparse, pero sí que era una curiosidad un poco aterradora.

Con mis compañeras de excursión íbamos en una chalupa por una vertiente del río Amazonas, en silencio, entre el ruido apabullante de la selva. Los animales seguramente comentaban entre ellos acerca de nosotros, o se la pasan de fiesta, pero la selva es todo menos silenciosa (en la noche menos). Solamente se queda todo en silencio cuando pasa la gran anaconda así que susurrábamos con la intención de no alejar al jaguar y percibir si la anaconda venía para tragarnos la lengua. Vimos pirañas, una mariposa azul inmensa, serpientes, vida. El río es el lugar más vivo y activo que uno puede imaginar.

−Huele a flores, ¿qué flor será?

−Ninguna flor, se acercan los delfines rosados− Una sorpresiva respuesta pero ya en ese momento había constatado que eso que llaman “realismo mágico” de Gabriel García Márquez, existe.

Alisté mi cámara, disparé hasta que terminé el rollo. Sólo al llegar a Bogotá sabría si alguno de los delfines saldría, lo dudaba porque habían sido sumamente rápidos y no me equivoqué. No son como los delfines del mar, estos son desconfiados y su aspecto no es  muy tierno, tienen dientes como pequeñas cuchillas en sus cortas y delgadas trompas. Parecen un híbrido de delfín y piraña de color rosado pálido. La gente de Leticia no deja de advertir a los turistas por el peligro de dos espíritus del río, las sirenas y el bufeo colorado que justamente es el delfín encarnado en hombre guapo dispuesto a conquistar mujeres con su baile para raptarlas para siempre al fondo del río.

El día siguiente me levante sigilosa a las cinco de la mañana para no despertar a nadie. Antes del amanecer, me senté en el borde de la plataforma del hotel acuático, donde encontrábamos cada noche varias boas subiendo por los maderos. Me olió a flores y preparé la cámara, la sorpresa no me dejó ni apretar el disparador: un delfín rosado se levantó ágilmente del agua, tan cerca que habría podido tocarlo. Se elevó de perfil, mirándome, tan curioso como yo. No sé ya cuántas veces subió a observarme, mi piel estaba erizada y sentía la adrenalina correr por mi sangre. Salió el sol, también rosado y como no pude tomar la foto con mi mente grabé ese momento asombroso y raro.

Amazonas, Colombia|María Antonieta García R.
En el momento en que el delfín se acababa de volver a meter al agua.
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150 cosas para hacer antes de morir

Con motivo de mi cumpleaños hice un recuento de lo que han sido estos 35 años. Por eso recopilé algunas ideas que encontré y otras que me inventé para hacer la lista “150 COSAS PARA HACER ANTES DE MORIR” de Barajadeviajes. La vida es para vivirla AHORA. Al final de la lista encontrarás la imagen de la lista para que la guardes y señales lo que has hecho y lo que harás.

  1. Vivir solo √
  2. Aprender a manejar √
  3. Ver a alguien nacer
  4. Ver a alguien morir √
  5. Conocer otro país √
  6. Aparecer en la TV √
  7. Presentarse en un teatro √
  8. Bailar bajo la lluvia √
  9. Enamorarse √
  10. Desenamorarse √
  11. Aprender a tocar un instrumento √
  12. Cantar o dar un discurso en público √
  13. Ver la nieve caer
  14. Llorar de tanto reír √
  15. Llorar sollozando hasta que se sequen las lágrimas √
  16. Realizar un sueño √
  17. Casarse o hacer un ritual
  18. Plantar un árbol
  19. Subir a un árbol √
  20. Escribir un libro √
  21. Tener una mascota √
  22. Entrar al mar de noche √
  23. Andar en moto √
  24. Viajar en avión √
  25. Andar a caballo √
  26. Aparecer en el periódico √
  27. Pensar que ibas a morir √
  28. Ir al cine o teatro solo √
  29. Cambiar de look √
  30. Hacerse un tatuaje
  31. Renunciar a un trabajo √
  32. Romperle el corazón a alguien √
  33. Viajar solo √
  34. Ir en la parte de atrás de una patrulla √
  35. Andar descalzo en el lodo √
  36. Quebrarse un hueso
  37. Vivir en otra ciudad √
  38. Ganar un premio o medalla √
  39. Pasar la noche despierto √
  40. Hacer paracaidismo
  41. No dormir por terminar de ver una serie √
  42. Llevar o recibir una serenata
  43. Bucear √
  44. Viajar en un barco √
  45. Nadar en mar abierto √
  46. Ver a las ballenas en el mar
  47. Aprender idiomas √
  48. Nadar con delfines
  49. Montar en globo
  50. Viajar en tren √
  51. Montar en camello √
  52. Tocar un elefante √
  53. Esquiar
  54. Tener un negocio o empresa √
  55. Ver la aurora boreal
  56. Andar en zancos
  57. Montar en avestruz
  58. Apostar en un casino √
  59. Acampar  √
  60. Nadar bajo una cascada
  61. Hacer un graffitti  √
  62. Montar en parapente
  63. Tener una cita con un desconocido √
  64. Besarse bajo del agua
  65. Conocer la nieve √
  66. Tener una guerra de nieve o almohadas √
  67. Hacer un safari en África
  68. Montar en trineo
  69. Conocer el polo norte o sur
  70. Ir a un gran evento deportivo
  71. Organizar una mega fiesta  √
  72. Montar en helicóptero
  73. Dejar una propina enorme  √
  74. Bañarte desnudo
  75. Pulsar el botón “no pulsar”
  76. Donar sangre  √
  77. Salir de extra en una película  √
  78. Andar por la ruta 66  √
  79. Nadar con rayas y tortugas √
  80. Dormir bajo las estrellas  √
  81. Participar en un flashmob
  82. Subir una montaña  √
  83. Tomar alguna clase de baile √
  84. Hacer otra profesión  √
  85. Contactar maestros del pasado  √
  86. Ser maestro de alguien  √
  87. Ir a un show de lucha libre  √
  88. Vivir cerca al mar  √
  89. Tener una casa en la playa
  90. Declarar tu amor √
  91. Hacer un trabajo temporal en vacaciones √
  92. Tener un amigo 30 años menor  √
  93. Tener un amigo 30 años mayor   √
  94. Pedirle un deseo a una estrella fugaz √
  95. Confesar una mentira √
  96. Tener amigos de todo el mundo √
  97. Leerte la suerte con una bruja  √
  98. Hacerte una limpieza mágica con un chamán √
  99. Ir a una expedición en la selva  √
  100. Ir a termales  √
  101. Ir a una piscina de lodo
  102. Ver un volcán activo
  103. Subir a un páramo  √
  104. Subir un nevado
  105. Aprender a meditar √
  106. Ir a psiquiatra y/o psicoanalista
  107. Orar en un templo √
  108. Participar en un desfile
  109. Ir a un festival de música en otra ciudad
  110. Participar en una marcha
  111. Dormir en una casa embrujada
  112. Escribir a una carta de amor  √
  113. Ver a tus amigos de infancia √
  114. Nadar en el mar muerto
  115. Ser voluntario en una fundación
  116. Rescatar un animal √
  117. Cambiar el color del pelo √
  118. Ir a una carrera de karts  √
  119. Hacer una pintura  √
  120. Ir a una fiesta de máscaras
  121. Disfrazarse  √
  122. Aprender a cocinar √
  123. Inventar un plato o bebida  √
  124. Llorar con una película  √
  125. Bailar cumbia en la playa √
  126. Conocer un resguardo indígena √
  127. Ayudar a un extraño en la calle  √
  128. Bailar con desconocidos  √
  129. Hacer couchsurfing  √
  130. Quedarte a dormir en una isla  √
  131. Hacer un amigo por Internet  √
  132. Dedicar canciones  √
  133. Tener una huerta  √
  134. Dejar un vicio  √
  135. Perder la maleta
  136. Hacer algo viral en redes sociales
  137. Tener un fin de semana de spa
  138. Llevar a tus papás de viaje
  139. Remar un bote √
  140. Conocer a una persona o famoso que te haya inspirado
  141. Hacer algún deporte o arte marcial  √
  142. Comer algo asqueroso o muy picante √
  143. Confesar un secreto inconfesable  √
  144. Hacerte un masaje de cuerpo completo  √
  145. Ir a un club de lectura  √
  146. Hacer un regalo muy especial  √
  147. Ser vegetariano
  148. Hacer topless en una playa o ir a una playa nudista √
  149. Beber agua pura en la naturaleza  √
  150. Leer un libro de viajes y hacer esa ruta √

¿Se acaba el tiempo, qué harás hoy?

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Paredes saladas en Zipáquira

Por lo general en el imaginario popular se asocian las cuevas y lo subterráneo al infierno. En este caso, donde debería habitar el supuesto demonio, existe una Catedral de sal mineral.

Es más que un lugar religioso, es un destino turístico. La catedral está construida al interior de las minas de sal del Cerro del Zipa en el Valle de El Abra, en el Departamento de Cundinamarca, Colombia. Se encuentra a 48 kilómetros de Bogotá y se puede llegar en bus desde la terminal de buses, en carro particular o en el Tren de la Sabana.

Catedral de sal de Zipáquira | María Antonieta García R.

Las iglesias por lo general son visitadas por fieles católicos, pero ésta en especial es para todos. El último diseño, que data de 1995, fue necesario por la inestabilidad de la vieja estructura y se le debe al arquitecto bogotano Roswell Garavito Pearl y el ingeniero Jorge Enrique Castelblanco Reyes. Estar dentro de una montaña alimenta la imaginación y estimula los sentidos, como el del gusto, ya que si el visitante se atreve podrá probar las paredes y comprobar que se encuentra efectivamente rodeado de sal.

Catedral de sal de Zipáquira | María Antonieta García R.

El lugar es patrimonio cultural, religioso y natural y desde que la mencionaron personajes como Alexander von Humboldt en 1801, sigue apareciendo en múltiples referencias. Las primeras datan del siglo décimo cuando para El Zipa, jefe máximo de los indígenas y su pueblo Muisca, la mina consistió en una de las principales fuentes del recurso mineral y actividad económica. La Catedral de Sal es un monumento impresionante, pero lo más admirable es la belleza natural que en tiempos prehispánicos fue valorado como un regalo de la Madre Tierra.

Escultura en la Catedral de sal | María Antonieta García R.

Visitarla es un buen plan de fin de semana cerca de Bogotá, su recorrido dura de media a una hora y se puede hacer el recorrido de las estaciones religiosas, el recorrido de la minería, ver el vídeo explicativo, disfrutar de unas onces (snack), comprar un recuerdo simple o hasta una esmeralda, conocer el muro de escalar, el auditorio, el Museo de la Salmuera y hasta casarse ya que cada vez es más popular celebrar matrimonios en su interior. Esta herencia Muisca es un destino ideal de visita de fin de semana, para creyentes y ateos.

Para más información visite http://www.catedraldesal.gov.co/

Escultura en la Catedral de sal | María Antonieta García R.