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Berlín: redescubriendo su lado underground

La ciudad más hípster y alternativa del momento puede ser Berlín, Alemania. Encontrar en ella lo que que le da carácter ya no es una tarea fácil pero tiene su recompensa.

Cuando aparece una moda quema todo lo que le rodee y es lo que parece que ha pasado con lo underground, pareciera que la etiqueta se le pone a un lugar por ejemplo y automáticamente la pierde, principalmente cuando se llena de turistas. El halo especial o casi secreto que tenía esa palabra en los noventas se desvanece. Así que, para buscar lo más alternativo de una ciudad hay que ir a lo que nadie recomienda, hay que perderse y encontrar lugares que tienen algo por revelar como el barrio Neukölln.

Berlín|María Antonieta García R.

Los barrios alternativos más conocidos

La mejor manera de recorrer Berlín es en bicicleta y si no se tiene se puede alquilar por poco más de diez euros todo el día. El lugar ideal podría ser la calle Karl-Marx-Alle desde Alexanderplatz hasta las dos torres de Frankfurter Tor. Se puede ir al Treptower Park hecho en honor a los caídos soviéticos de la Segunda Guerra Mundial o al Spreepark, un parque de atracciones de los años setenta que está abandonado y tiene un misterioso atractivo de película de terror con naturaleza.

Berlín|María Antonieta García R.

     El barrio Friedrichshain (en el este) no se queda atrás, sus fábricas industriales antiguas son galerías de arte urbano en el día y bares en la noche. Si la idea es salir de fiesta o tomarse unas cervezas (o mejor un shot de Jäggermaister) esta sería una buena opción, pues los espacios están llenos de grafitis y objetos interesantes. También se puede ir por el barrio Kreuzberg que queda al oeste, ambos en un único distrito y reconocidos por su buen ambiente. En este último se encuentra la mayoría de población inmigrante y por eso su oferta gastronómica es tan rica.

     Si la idea es ir de fiesta y lo que se quiere es algo más “elegante”, con estilo vintage en la calle Karl-Marx-Alle queda el Kino Internacional, un edificio del siglo veinte en donde hoy se hacen fiestas, exposiciones, espectáculos de moda y ciclos de cine. Otra opción para comer es hacer picnic en lo que era Berlín Oeste, en Urban Ufer. Un parque que se caracteriza por tener un barco abandonado que recorría el Landwehrkanal y como todo el resto de la ciudad, interesante y fotogénico arte urbano. Para continuar el recorrido se puede ir a la zona de Prenzlauer Berg, que en época comunista era ocupado por la resistencia. Hoy es un lugar de visita ya sus edificios son ahora cafeterías, bares y restaurantes que conservan el estilo de 1900 en su interior y en el exterior procuran poner luces de colores que le dan un toque decorativo muy especial.

Berlín|María Antonieta García R.

Etiqueta underground: Neukölln

Neukölln, en el sudeste de Berlín fue parte del distrito Bezire hasta 1920 cuando se adjuntó a la capital. Es un antiguo y humilde barrio obrero en donde durante la Segunda Guerra Mundial hizo parte del Sector Americano y hoy sobresale cada vez más por su oferta de restaurantes veganos y orgánicos y bares. Sus casas inmensas y viejas, algunas con jardín, son atractivas y la gente que allí vive en su mayoría es extranjera. Tal vez por esta razón pululan los deliciosos restaurantes y cafeterías turcas y rusas donde el café es excelente.

    Para llegar a este barrio se toma el metro hasta la parada Hermannplatz en donde está su plaza, que en las noches está llena de gente de todos los estilos tomando cerveza (pues aún se puede tomar en las calles de Berlín) y planeando qué bar visitar. Cerca junto al canal se puede visitar un mercado turco que abre los martes y viernes llamado Maybachufer y el domingo el mercadillo vintage de Neukölln Flowmarket o también se puede visitar alguna de las varias galerías de arte no tradicional.

Berlín|María Antonieta García R.

    En este barrio también se encuentra el parque Körnerpark que tiene una galería de exposiciones y una fuente. En verano se usa su invernadero para conciertos y otras actividades. Sin embargo, el que se lleva el premio es el parque que antiguamente fue un aeropuerto, el Tempelhofer Feld. Este lugar, que en las noches puede parecer algo tenebroso por la ausencia de luz, pero es uno de los espacios públicos más grandes del centro de la ciudad. Es ideal recorrerlo en bicicleta pues tiene las antiguas pistas de aterrizaje que funcionaron cuando el Berlín Oeste fue bloqueado en 1948. Espacios como este cobran vida una vez se reutilizan de una nueva manera, eso es lo que finalmente es la tendencia underground. Reciclaje y reinvención cada vez mayor de los sitios públicos y privados. Seguir encontrando lo alternativo en Berlín en un reto, una aventura de búsqueda de tesoros en una ciudad que de por si resulta alternativa entre la oferta europea.

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La vanidad de Berlín

Una ciudad de historia y marcas de guerra. También nueva y reluciente, esa es Berlín. Seduce y confunde. Tiene un encanto inigualable, el urbano, el underground, ese que se respira en un ambiente bohemio y vanguardista como el de Williamsburg en Brooklyn, Nueva York. Pero algo no encaja en el centro y se adivina la sensación generalizada cuando mencionan la palabra ‘falso’, fake o falsch para acompañar la historia de la ciudad.

La mayoría de la gente parece sacada de una revista de modas vintage, sobresalen los no intencionales y ahora glamourosos neopunks, adolescentes en patinetas ochenteras con una cartera de marca y tenis de colores ácidos y supermodelos en cualquier esquina fumando un cigarrillo casual, pareciendo posar con su actitud descomplicada. Ofrece miles de ciclorutas, comida deliciosa y claro, cerveza y adictivo currywurst. 

Berlín|María Antonieta García R.
Berlín.
Berlín|María Antonieta García R.
Esculturas en Berlín.

En la capital de Alemania respiré libertad, pude tomarme unas cervezas caminando por ahí como en los viejos tiempos, sin miedo a una multa o llamada de atención por no tomar dentro de un bar. Incluso vi que unos chicos pasaron fumando marihuana frente a policías sin que estos se inmutaran. Tal vez por un pasado represor, la ciudad ahora tiende a apoyar la libre expresión, o al menos eso sentí en los escasos cinco días de mi viaje.

Es una ciudad que, sin vergüenza, muestra sus secretos pero deja que uno llegue a ellos por casualidad; entré por error a un pasaje comercial que más tarde asocié a un hecho lamentable. Era un antiguo conjunto cerrado. Algunas fachadas tenían azulejos, jardines, balcones y sótanos con misteriosas ventanas al exterior que me obligaron a husmear. Un viejo barrio judío en donde se localizaron refugios donde retenían gente que llevarían rumbo a los campos de concentración, este lugar ahora es un pasaje comercial de tiendas de moda.

La escuela de restauración de bienes italiana se enfoca en las técnicas y procedimientos para conservar bienes culturales respetando el original y el paso del tiempo, la pátina e incluso intervenciones anteriores que tuvieran especial valor histórico o estético. Se niega la reconstrucción completa alegando que atenta contra el criterio de autenticidad. En Berlín la mayoría de restauradores tienen otros criterios; las edificaciones están reconstruidas hasta un noventa por ciento. Se ven catedrales inmaculadamente blancas con un par de gárgolas negras, seguramente las únicas ‘sobrevivientes’ a alguna bomba o incendio, lozas perfectas y a unos cuatro metros de altura algunas con hoyos dejados por las balas. Esto genera una distorsión en la interpretación, sobre todo para incautos observadores.

Berlín|María Antonieta García R.
De los pocos edificios en donde se ven las marcas de guerra.

Sobresale la energía y tenacidad alemana para reconstruir sus ciudades y recuperarse a la destrucción física y emocional luego de dos guerras mundiales. Después de la guerra, quedaron vivas sobretodo mujeres y gracias a que ellas rescataron piedras y esculturas no se perdieron elementos entre los escombros. Es importante la reconstrucción en la postguerra para ayudar a la recuperación psicológica de la población, pero el peligro está en que lo que pasó podría también llevar al olvido. Se debería valorar la ruina en un proceso en el que debería estar implícita la compresión y la recordación de los hechos, para invitar a la reflexión y evitar la repetición de situaciones similares. Sin embargo, por suerte se ven numerosas manifestaciones artísticas contemporáneas en la ciudad, que cumplen la función de cuestionar y recordar.

Berlín|María Antonieta García R.
Calles de Berlín.
Berlín|María Antonieta García R.
Stolpersteine, piedras con las que te tropiezas.

Berlín parece y no, parada en el tiempo. Tiene la combinación híbrida que esconde un pasado oscuro, se esfuerza por educar a las nuevas generaciones pero sus reconstrucciones no les permiten imaginar qué es la destrucción, lo que visualmente les ayudaría a entender la guerra. Es el caso de uno de los pocos edificios que se dejaron intactos, la Kaiser Wilhem kirche, iglesia curiosamente acompañada de un nueva a su lado. No es de pretender que se deje en ruinas todo, pero reconstruirlo tampoco, ideal un punto de equilibrio.
Un lugar llamó en especial mi atención. El monumento en memoria de las víctimas de la segunda guerra mundial. No sé qué pensarán los judíos del Monumento del holocausto, en alemán Denkmal für die ermordeten Juden Europas, pero parece un parque raro y no un monumento de uno de los episodios más macabros de la humanidad. Es interesante que sus constructores hayan pretendido que el visitante se lleve su propia interpretación a partir de su experiencia, pero por lo general será de esparcimiento. Cosa que no ocurre con las Stolpersteine, piedras con las que te tropiezas. Son obra del artista alemán Gunter Demnig y se encuentran en varios lugares de Europa, pero la mayoría en Alemania. Son pequeñas baldosas incrustadas en la mitad de los andenes con una lámina de metal y realmente se encuentran al tropezar con ellos. Obligan a inclinarse a ver con qué se tropezó uno y simbólicamente nos obliga a hacer una reverencia. Tienen grabados los nombres de las personas que murieron en la guerra. Fecha de nacimiento, de muerte y el campo de concentración. En una caminata por la ciudad se ven tantas lozas como piedras de la calle y nos recuerda que caminamos entre fantasmas.

Berlín|María Antonieta García R.
Monumento en memoria de las víctimas de la segunda guerra mundial.

Quisiera explorarla más y fundirme con la gente en una exhibición o película en antiguo teatro de la parte Este, conocer turcos en el tradicional bar Tristeza en Neukölln, comerme otro delicioso strüdel en un restaurante de barrio -donde no entienda la carta pero cualquier cosa que pida sea carne-. Quiero volver a admirar el alucinante arte urbano de todas las esquinas y los restos del muro de Berlín, quiero volver a esta ciudad llena de enigmas y lugares sugestivos. Se deben exhibir con naturalidad las marcas y rastros de guerra, como las arrugas y las cicatrices de la piel. Berlín es un destino imperdible porque es una ciudad maravillosa pero más que eso, cuna de arte contemporáneo con una verdadera función social, se debe visitar para conocer mejor la naturaleza e historia humana.