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Agua sagrada en Tambomachay

Este lugar se conoce también como El Templo del Agua o El Baño del Inca, ya que  fue utilizado como lugar de descanso y purificación. Hoy es sitio arqueológico y destino mágico situado a 8 km de Cusco. El templo cuenta con una cascada central y dos secundarias, lo sorprendente es que de ambas cascadas laterales sale exactamente la misma cantidad de agua y el caudal justo para evitar el desperdicio de agua y la erosión de los canales (fue construido hace 600 años y sigue en buen estado). Cabe anotar que el templo cuenta con cimientos que sugieren que originalmente se trataba de un recinto cerrado.

El lugar es definitivamente un sitio especial, es un valle de montañas, rocas, cavernas y mucho verde en donde estoy segura deben habitar muchos animales que se esconden en el día pues tienen a su alcance un permanente manantial de agua pura. Parece que también fue usado como observatorio astronómico y fortaleza, y hoy conserva ambas dignidades. La tranquilidad y belleza solo es interrumpida por el sonido del agua al caer, aunque ya en cierto punto la magia se rompe con las hordas de turistas y vendedores de artesanías y comida.

Aparte del uso de Tambomachay como balneario del Inca, tuvo un carácter sagrado pues el agua para esta cultura representa lo masculino y la tierra (Pachamama) lo femenino, por lo que la unión de ambas era símbolo de fertilidad y fuente de vida. Esta agua fue usada por los sacerdotes para purificarse antes de las ceremonias y para curar enfermedades estomacales como la úlcera.

Por otro lado machay quiere decir “cavernas, que abundan en el lugar y de ahí posiblemente también el nombre del sitio. Los incas suponían que las cuevas conectaban con el mundo de los muertos así que muy seguramente también fueron también usadas para rituales mágicos y entierros de momias (incluso dicen que también para conectar sitios sagrados entre sí).

No se ha podido descubrir la fuente de donde proviene el agua, pero jamás se ha secado y está tan perfectamente construido, que el agua clara y fresca fluye permanentemente; de ahí la creencia que quien bebe de esta agua conseguirá la eterna juventud. Tomé solo un poco y debo decir que si aparento mucha menos edad de la que tengo, sin embargo recomiendo tomar solo un sorbo, no vaya a darle la maldición de Tupac Amarú en la mitad de su viaje.

Como último dato curioso: el 80% de esta agua se utiliza actualmente en la elaboración de la cerveza cuzqueña. No comprobé que fuera curativa, pero sí es deliciosa y algún efecto mágico surte cuando se está en buena compañía.

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Cumbres de niebla en Machu Picchu

Les recomiendo leer este post mientras escuchan esta música que me acompañó mientras bajaba la montaña de Wayna Picchu, el guía que a oía me dijo que era música de meditación Inca.

Luego de cuatro horas en tren desde Cuzco, admirando imponentes montañas y el río Urubamba, se llega a un pueblo pequeño y pasado por agua: Aguascalientes. Sus calles empinadas están llenas de tiendas y restaurantes. Todo está muy influído por el turismo masivo, pero aún se ven en las calles más alejadas casas tradicionales y niños jugando fútbol debajo de los aguaceros y el frío.

     En Aguascalientes se duerme una noche después de una deliciosa cena de comida peruana y en la mañana se compra el tiquete para el bus que sube a la entrada del parque arqueológico de Machu Picchu. Previamente la entrada al parque se debe comprar por Internet con mínimo cuatro meses de anterioridad, si se pretende subir a Wayna Picchu, la montaña más alta, seis meses antes. Filas de turistas, principalmente orientales y brasileros (creo que por que son los más dispuestos a pagar los altísimos precios en Perú) rodean la entrada.

Machu Picchu, Perú|María Antonieta García R.
Machu Picchu, Perú.

     Después de ponerme un sello de la montaña en mi pasaporte (luego supe es ilegal), comenzamos el recorrido y la subida al Wayna Picchu. No entiendo cómo los incas si eran tan bajitos como yo hicieron unas escalinatas tan altas. A cada una mis rodillas protestaban. Se construyeron in situ pero realmente parecían adecuadas para alemanes. Nos habían dicho que una persona en buen estado físico subía en dos horas, nos demoramos cuatro horas y media. La llovizna hizo de las piedras un jabón, la neblina a veces no nos dejaba ver más allá de nuestra mano y descubrimos que Bogotá es más alta que Wayna Picchu pero definitivamente cuesta más subir la montaña.

Machu Picchu, Perú|María Antonieta García R.
Vista desde el Wayna Picchu.

     Se siente una vibración especial, silenciosa, respetuosa. No suelo ser miedosa pero sí  supersticiosa y de vez en cuando en mi subida, les pedía a los ancestros su permiso (y una ayudita que no me caía nada mal), para seguir el ascenso. Al llegar a la cima se despejó cinco minutos la neblina, contemplé el paisaje más imponente que he visto, tomé una foto y se tapó de nuevo. Todo el esfuerzo había valido la pena.

Machu Picchu, Perú|María Antonieta García R.
Terrazas de Machu Picchu.

     Muchas veces temí por mi vida, realmente es peligroso y más aún si está mojado el suelo. Los ancestros me enviaron a un guardaparques que me daba la mano para pasar los tramos más miedosos en la bajada, menos mal. Lo mejor de todo es que llevaba un discman sonando con música andina, ahí sí que me sentí ambientada. Olvidé su uniforme e imaginé que yo era una princesa Inca camino a mi trono siendo acompañada por uno de los príncipes. Varios turistas deportistas e incluso ancianos, nos pasaron, pero nosotros no llevábamos prisa. Disfruté el descenso como un sueño empañado de gris y roca lisa, un camino contemplativo acompañado de viento y pájaros.