África, Mis escritos, Periodismo de viajes

El niño artesano y el talismán

Colombia y Marruecos tienen muchas cosas en común, aunque nadie apueste por ello. Aspectos positivos y negativos acercan países hermanos separados por el mar.

Donde abunda el hambre y la pobreza abunda el calor de su gente y la alegría. La hospitalidad, el cariño y el arte llenan medinas marroquíes y calles colombianas. En uno abunda el agua y el verdor, en otro la arena roja y la sequía, pero en ambos se encuentra gente trabajadora en cada esquina haciendo de su arte un modo de vida y una pasión.

Lo que impacta, en ambos países es que los trabajadores y artesanos muchas veces son niños. Lo primero que se piensa es que deberían estar jugando en vez de trabajar, solos o con sus padres, pero se debe reconocer que las labores artesanales son de gran calidad porque son realizadas por personas que llevan años practicándolas, a veces incluso desde su infancia, esto como respuesta a una problemática social que no les ha dejado alternativa. Muchos niños no han tenido la fortuna de poder acceder a la educación permanecen con sus padres en casa o en sus negocios y no les queda más remedio que ocuparse en labores útiles en vez de estar viendo televisión, en esos casos podría ser comprensible que estén trabajando y aprendiendo de la experticia directa de sus padres alguna labor.

Esto pasa en Colombia y Marruecos, aunque sea más común verlo en el segundo, ya que en Colombia los niños que no están estudiando no pueden trabajar y por lo general lo hacen ilegalmente. De hecho los niños que se ven trabajando en Colombia lo hacen sobretodo vendiendo dulces, limpiando ventanas en los semáforos, pidiendo limosna y muchas otras cosas que no les deja ni experiencia laboral, ni están aprendiendo un oficio que más adelante les pueda representar una manera de sustento. No es que esté bien que los niños trabajen, pero es preferible verlos aprendiendo de sus padres a grabar metal que verlos pidiendo limosna en el transporte público.

En Chefchauen, Marruecos, la ciudad conocida como la Perla Azul de Marruecos, por caracterizarse por tener casi todas las construcciones del centro histórico pintadas de azul, se encuentra este niño y su padre en una tienda de artesanías. Mientras venden, siguen trabajando en sus grabados sobre metal. Camellos, platos, manos de Fátima y miles de objetos decorativos de cobre, bronce u otro metal están bellamente decorados por sus diestras manos y sus  exactas herramientas, mientras en el metal graban también sus sonrisas.

Detrás de cada objeto artesanal que puede no ser más que un recuerdo o souvenir se esconde una historia que obligando indirectamente al espectador a hacer una reflexión. Ojalá cada uno de esos objetos, como un talismán, abriera mágicamente la mente del turista y lo empujara a tumbar prejuicios, a considerar otras realidades, a valorarlas y posiblemente verse reflejado en el otro.

Yo me compré un camellito de bronce. Insha´Allah.

IMG_1939

África, La magia, Literatura de viajes, Mis escritos, Periodismo de viajes, Sus viajes y experiencias

Libro «Almas de Marruecos»

Los invito a adquirir y leer el libro «Almas de Marruecos», en el que participé como autora junto a los demás miembros del equipo de 6 VeletasLo escribimos luego de conocer el país africano, con la esperanza de plasmar en relatos cortos y fotografías un poco de la cultura marroquí. Shukran

Este vídeo es una pequeña muestra del viaje que nos inspiró:

Puedes adquirir el libro en Amazon, en formato digital o impreso, haciendo click aquí.

Libro de Almas de Marruecos

 

«Marruecos está viviendo profundos y rápidos cambios debido a la globalización y al turismo masivo. Sus tradiciones y valores familiares están transformándose. 6 Veletas ha querido abrir su mente e incidir en el imaginario que se tiene sobre los árabes, que actualmente podría estar viéndose malinterpretado por acciones terroristas que no representan la riqueza del país, de su gente o del Islam. Con este libro acercamos su cultura a los lectores, llevándolos a un viaje a través de la literatura de viajes.» 6 Veletas.

 

África, Literatura de viajes, Mis escritos, Periodismo de viajes

Las dunas y las estrellas en Marruecos

Agobia la resequedad, duele la nariz, después de un baño no es necesario secarse porque el agua se evapora. Cuando se está a cincuenta grados de temperatura solo se puede pensar en lo que se ha hecho mal en la vida para merecer tanto calor, aunque se esté en uno de los lugares más alucinantes de la Tierra.

     En las puertas de Sahara se debe coordinar con alguien de la zona la salida al desierto, pues se es completamente inútil. Corrimos con suerte, el Grupo Xaluca nos coordinó todo. Hay momentos y lugares en donde se puede prescindir de los guías, pero en Erfoud sería un acalorado suicidio. No solo se encargan de organizar todo, sino de hacerlo increíble y con gente local muy profesional. Otra opción para los viajeros para quienes Xaluca excede su presupuesto, sería contratar excursiones privadas con empresas como MoroccoPrivateExcursions.

   Para visitar las dunas de Erg Chebbi −donde comienza el Sahara−, se debe llegar a las profundidades de Marruecos. Llegamos después de haber visitado el Valle del Dades, Merzougá y Rissani (y muchos más lugares pero esos eran los más cercanos). Desde el Hotel de Tomboctou de Xaluca fuimos en carro hasta cierto punto donde llegan los dromedarios. También se puede llegar desde Errachidia, Fes o Marrakesh, pero los viajes desde allí son muy largos, se soportan y se hacen más interesantes si se va parando en el camino.

Marruecos|María Antonieta García R.
Atardecer en el desierto de Marruecos.

     En el hotel y me bañé dos veces, me tumbé en la cama y quedé aplastada más de dos horas. Físicamente el cuerpo solo trabaja por mantener la temperatura. Me ofrecieron té de menta, que parecía tener el efecto de despertar y por supuesto hidratar y nos fuimos con el grupo en una camioneta a las siete de la tarde. Llegamos al punto de encuentro con los dromedarios y los guías. Era obvio que sería un viaje turístico, un engaño para el espíritu que quisiera haber sido bereber nómada en otro tiempo. Siempre queda la imaginación, mi corazón latía muy fuerte.

     Yo era el mismísimo Ibn Batutta, en una peregrinación por el Sahara. Elaboré rihlas, imaginé conversaciones con extraños en el camino. Lloré en ese camino por arenas aterciopeladas color naranja intenso. Andando como sobre un durazno gigante con un techo azul. La arena se levantaba y acariciaba mi piel como la llovizna seca.

Marruecos|María Antonieta García R.
Dromedarios en el desierto de Marruecos.

     Unas haimas se distinguían de los espejismos. Luego de descansar y oír los tambores de los camelleros, nos alejamos con el grupo a disfrutar de la noche realmente oscura porque no hay luces artificiales, hasta que la luna llena iluminó todo de repente. Oímos historias y algunos se durmieron hasta que nos acosó una pequeña tormenta de arena que, Mohamed, el camellero, aseguró: “solo es un viento”. Las cámaras y celulares sufrieron los efectos de la arena fina y corrimos de regreso a dormir.

Marruecos|María Antonieta García R.
Dunas de Erg Chebbi en Marruecos.

     Dormimos a la intemperie debido al calor, bajo las estrellas, como siempre había soñado. El clima a esa hora era perfecto, ni frío ni caliente y la arena se me enredó en el pelo y las pestañas. Sonreí para adentro para que no se me entrara más arena en la boca y los dientes. ¡Mis oídos si no los pude cerrar! Entendí la finalidad del turbante. Me desperté varias veces y al abrir los ojos, vi el cielo estrellado. Me vencía el sueño, me quedaba profunda sin darme cuenta hasta volver a abrir los ojos. La última vez que los abrí paso una estrella fugaz, pero iba despacio, como esperando que yo la viera.

Para más información y contratar excursiones, viajes, alojamientos, guías y demás en Marruecos, visite los siguientes links:

www.xaluca.com

www.moroccoprivateexcursions.com/