Sus viajes y experiencias

Tips ecológicos para el hogar y para los viajes

Por: Diana Cortés y Baraja de viajes

Debemos responsabilizarnos por lo que está pasando con nuestro planeta, el calentamiento global es una realidad cada vez más grave y amenazante. No sólo en nuestro hogar y lugar de trabajo sino también al viajar, tenemos que tener precaución de hacer lo mejor por el ambiente y evitar dejar huellas negativas por donde pasemos. Trabajemos como las hormigas: con pequeñas acciones y siendo constantes podremos marcar la diferencia. A continuación algunas recomendaciones para poner en práctica y transmitirle a nuestros allegados:

Hormiga | María Antonieta García R.
  1. Se deben mantener desconectados los electrodomésticos y los aparatos electrónicos mientras no los estemos usando, incluso el cargador del celular.
  2. Evitar tener carro y si lo tienes usarlo solo cuando es MUY necesario.
  3. No pedir ni usar bolsas. En supermercados, tiendas o farmacias. Si las tienes trata que sean ecológicas o de papel.
  4. Ser vegetariano. Si no lo eres, procurar comer lo menos posible carne de res.
  5. Ahorrar agua, poner peso en el tanque del baño, llaves ahorradoras, recolectar agua cuando abres la ducha y reutilizarla en el baño, recolectar agua lluvia para regar las plantas.
  6. Evitar consumir alimentos de las empresas que usan aceite de palma. Leer las etiquetas de los productos al hacer mercado y evitarlos al máximo.
  7. Busca alojamientos respetuosos con el medio ambiente si viajas, encuentras miles de recomendaciones en páginas de Internet y aplicaciones que certifican qué lugares siguen este concepto.
  8. No tires restos de aceite en el lavaplatos o sifón, hay lugares en supermercados en donde reciben ese tipo de residuos. Vértelos en un frasco de vidrio reutilizado para llevarlo.
  9. Recicla, en tu casa y fuera de ella. Cuando estés de viaje TAMBIÉN.
  10. Si estas de paseo y te bañas en un río o en el mar procura no usar productos químicos en la piel como bloqueadores, bronceadores, desodorante o repelente. Menos aún jabón o shampoo.
  11. Cuando estés en otra ciudad o país elige establecimientos y restaurantes locales que aprovechen productos de estación y de la zona.
  12. No compres joyas o suovenirs hechos de partes de animales, conchas o especies en peligro de extinción como los corales.
  13. Procura no usar toallas húmedas de papel, si las tienes que usar jamás las tires al baño sino en la cesta de la basura pues no son biodegradables y si las tiras al agua tarde o temprano llegarán a ríos o al mar.
  14. Si acampas no uses jabón al lavar objetos en el río o quebrada.
  15. No tires las colillas de cigarrillo en el suelo y menos si estás en la playa o cerca de un río.
  16. Usa linternas o lámparas con luz LED, contamina menos que las pilas.
  17. Siembra un árbol, o muchos pero fíjate que la especie pertenezca a la zona. Existen campañas de reforestación en las que puedes participar, proponlo a tu familia, amigos o compañeros de trabajo y dediquen un día para eso.
  18. Asegúrate que la nevera esté siempre en buen estado.
  19. El calentador eléctrico no lo debes mantener prendido todo el día.
  20. No tengas mascotas exóticas y si las tienes, por ningún motivo liberes al animal en un ambiente que no sea su ambiente nativo.
  21. Si encuentras animales exóticos no los alimentes, no los toques y no te los lleves, no son mascotas y mucho menos “elementos” decorativos.
  22. Procura no matar insectos por más miedo que te produzcan, puedes reubicarlos usando un recipiente o prenda.
  23. Cuando viajes por carretera no botes basura por la ventana, ni siquiera cáscaras y menos chicles.
  24. No uses desodorante o productos en spray.
  25. No te lleves conchas, piedras o arranques flores para llevarlas a casa, déjalas en donde pertenecen.
  26. No tires al baño productos químicos o pilas y baterías en las canecas de basura.
Parque natural Montseny, Barcelona | María Antonieta García R.

Diana Cortés, consagrada viajera, esposa y madre, es conocida entre los que somos sus amigos por ser muy responsable con la ecología y por tener buenas prácticas ambientales. Ella nos da algunas recomendaciones para tener en cuenta:

  1. Reutiliza. Muchas veces es fácil hacer pequeñas modificaciones para darle un uso nuevo a las cosas o la ropa.
  2. Si tienes bebes procura utilizar pañales ecológicos o de tela.
  3. No compres botellas de agua. Lleva siempre tu botella personal y durable la cual puedes volver a llenar. Consigue una que te guste mucho para que la cuides y no la olvides.
  4. Compra poco. Te rinde más el dinero y contribuyes menos a la producción de basura. Recuerda que la felicidad no está en las cosas materiales.
  5. Escoge productos con certificación medio ambiental que garantice una producción ecológica. Piensa también en tu salud.
  6. Comparte y enséñale estos tips a tu familia, todo comienza en casa.

Por: Diana Cortés y Baraja de viajes

Fira o Fiesta de la Tierra en Barcelona | María Antonieta García R.

Graba la imágen para que tengas a la mano estas recomendaciones y puedas compartirlas con tus amigos.
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América, Literatura de viajes, Mis escritos, Suramérica

Un delfín rosado en el Amazonas colombiano

Aún usaba la cámara análoga de mi papá, era 1999 y la fotografía era un arte complicado y caro. Del único rollo que se salvó de la humedad no quedaron casi fotos, del viaje al pulmón del mundo y de mi encuentro cercano con un delfín rosado, el Inia geoffrensis no quedó registro.

Llegué al Amazonas en avión de carga desde Bogotá. El vuelo toma unas dos horas y media y justo cuando se ve la selva, el corazón dentro del pecho te comienza a latir más rápido. Aunque no tanto como cuando el avión desciende y uno no ve entre la espesura de la selva una pista de aterrizaje. De Leticia tomamos una lancha al hotel que quedaba justo sobre un lago. El único detalle es que en las noches todos los maderos del hotel parecían moverse, y no… no “parecían”, realmente se movían pues eran serpientes. Nada de qué preocuparse, pero sí que era una curiosidad un poco aterradora.

Con mis compañeras de excursión íbamos en una chalupa por una vertiente del río Amazonas, en silencio, entre el ruido apabullante de la selva. Los animales seguramente comentaban entre ellos acerca de nosotros, o se la pasan de fiesta, pero la selva es todo menos silenciosa (en la noche menos). Solamente se queda todo en silencio cuando pasa la gran anaconda así que susurrábamos con la intención de no alejar al jaguar y percibir si la anaconda venía para tragarnos la lengua. Vimos pirañas, una mariposa azul inmensa, serpientes, vida. El río es el lugar más vivo y activo que uno puede imaginar.

−Huele a flores, ¿qué flor será?

−Ninguna flor, se acercan los delfines rosados− Una sorpresiva respuesta pero ya en ese momento había constatado que eso que llaman “realismo mágico” de Gabriel García Márquez, existe.

Alisté mi cámara, disparé hasta que terminé el rollo. Sólo al llegar a Bogotá sabría si alguno de los delfines saldría, lo dudaba porque habían sido sumamente rápidos y no me equivoqué. No son como los delfines del mar, estos son desconfiados y su aspecto no es  muy tierno, tienen dientes como pequeñas cuchillas en sus cortas y delgadas trompas. Parecen un híbrido de delfín y piraña de color rosado pálido. La gente de Leticia no deja de advertir a los turistas por el peligro de dos espíritus del río, las sirenas y el bufeo colorado que justamente es el delfín encarnado en hombre guapo dispuesto a conquistar mujeres con su baile para raptarlas para siempre al fondo del río.

El día siguiente me levante sigilosa a las cinco de la mañana para no despertar a nadie. Antes del amanecer, me senté en el borde de la plataforma del hotel acuático, donde encontrábamos cada noche varias boas subiendo por los maderos. Me olió a flores y preparé la cámara, la sorpresa no me dejó ni apretar el disparador: un delfín rosado se levantó ágilmente del agua, tan cerca que habría podido tocarlo. Se elevó de perfil, mirándome, tan curioso como yo. No sé ya cuántas veces subió a observarme, mi piel estaba erizada y sentía la adrenalina correr por mi sangre. Salió el sol, también rosado y como no pude tomar la foto con mi mente grabé ese momento asombroso y raro.

Amazonas, Colombia|María Antonieta García R.
En el momento en que el delfín se acababa de volver a meter al agua.
América, Literatura de viajes, Mis escritos, Suramérica

En barco a la Isla Gorgona en Colombia

A nuestros egocéntricos quince años pretendimos sentirnos conquistadoras de otras tierras. Por eso, a la que fué una antigua cárcel rodeada por tiburones, situada en el pacífico colombiano, llegamos por vía marítima. En lancha son tres horas desde Buenaventura, puerto abandonado y maloliente con vestigios de algún día haber tenido un mejor momento. Elegimos el barco, doce horas de viaje por mar abierto, sonaba más romántico y aventurero que en lancha durante tres horas.

     Nos dieron pastillas para evitar el mareo y dormir, jamás me imaginé que me iba a fundir así. Estaba tan dormida que ni recuerdo haber bajado de un bus en la noche y caminar al muelle, tal vez alguien me arrastró. Me desperté en una litera de un metro de ancho con un cojín de cuero negro viejo que olía a pescado, seis literas en ese pequeño cuarto con otras zombies dormidas.

     No podía creerlo, ya estaba en el mar, no sabía cuánto tiempo había pasado. En la pared vi un escorpión gigante así que me lancé al suelo, no lo volví a ver. Aún creo que fue una alucinación, aunque una amiga el día siguiente supuestamente tenía en su cara restos de orina de cucaracha −las cucarachas de los barcos son gigantes y su orina deja halos blancos−, así que posiblemente confundí una cucaracha con escorpión. En cualquiera de los casos habrían podido darme dos infartos, uno por miedo y otro por asco.

Roca "La viuda", junto a Gorgona, Colombia|María Antonieta García R.
Roca “La viuda”, junto a Gorgona.

    Me levanté medio dormida y con dificultad, pues en mar abierto el piso realmente se mueve de un lado a otro. Descubrí el paisaje más hermoso e increíble que he visto jamás: el cielo lleno de estrellas no tenía fin. El agua se confundía con todo, no se veía el horizonte. Las estrellas reflejadas hacían parecer el mar, otro cielo. No me recuperaba de la emoción cuando vi el borde del barco: brillaba. ¡Las algas que golpeaban el barco eflorecían! Las gotas del mar parecían saltarinas hadas verdes que nos sostenían con magia.

     Dormí para evitar el mareo pues varias de mis compañeras estaban vomitando en la proa, en fila, lo que fue realmente cómico. Hasta que me despertaron gritos, ¡tierra! Pensé en la emoción de Cristóbal Colón y sus tripulantes. ¡Delfines! Pensé en Darwin llegando a Galápagos. Una fila de delfines saltaba a los lados del barco a nuestra velocidad, nada más sublime. Mis ojos estaban desorbitados y llenos de lágrimas, una pequeña isla color verde rana y mar esmeralda nos recibía. A los quince años no se tiene claro ni quién es uno ni qué quiere −tal vez nunca se tiene del todo claro−, pero esa experiencia dibujó un objetivo que aún me hace vibrar. Mi primer gran viaje me había transformado.

Gorgona|María Antonieta García R.
Llegando a la isla.

      La isla fue llamada así en honor a la diosa griega que llevaba serpientes en su cabeza que petrificaba a quien se atreviera a mirarla. Realmente acertaron con el nombre, hacía donde se mire hay serpientes y por suerte me fascinan. Debido a esta particularidad está completamente prohibido tomar alcohol, el suero antiofidico no surtiría efecto en caso de mordedura de una venenosa, aunque las que más pululan son simples constrictoras. Gorgona, con sus micos, tiburones, serpientes, peces de colores, caracoles ermitaños, con su agua pura, con sus pocos y sonrientes habitantes, me selló el destino.

      No me tocó el espectáculo de ver las ballenas jorobadas que van a sus aguas a tener los ballenatos. Tengo que regresar, aún recuerdo el cassette de música cubana que llevé en mi walkman, resuena en mi cabeza como la banda sonora de una película antigua en un lugar surreal.

Rumbo a Gorgona, Colombia|María Antonieta García R.
Rumbo a Gorgona en el barco.